LA PREGUNTA DEL MES...
Yo no
soy gay, pero leo todo lo que me cae en las manos.
Últimamente veo que la literatura de tema
homoerótico, o con referencias a eso, se publica y
publicita con respeto y comentarios críticos de gente
muy prestigiosa. Entonces, ¿ustedes
pueden sacar
las opiniones de algún escritor gay cubano
revolucionario?
Aunque
nuestra institución no tiene un equipo de periodistas para satisfacer las
solicitudes de todos los visitantes, podemos nutrirnos de otras fuentes. Para
responder a esta pregunta usamos una entrevista del servicio de Información de
la Mujer al poeta Nelson Simón.
Homosexualidad: Nelson Simón, la libertad de reconocerse gay
Por Dalia Acosta
Servicio de Noticias de la Mujer
La Habana, febrero (SEM).- Las palabras no alcanzan para contar, o mejor sentir,
todo lo que debió vivir el escritor cubano Nelson Simón antes de publicar su
primer libro o poder pararse en un escenario y decir, con una valentía poco
común en Cuba: “estoy aquí como artista y, sobre todo, como gay”.
Autor de volúmenes como El peso de la isla (1993) y A la sombra de los
muchachos en flor (2000), el poeta y narrador de 40 años es considerado en
la actualidad uno de los más importantes exponentes de la poesía homoerótica
nacional y de los pocos intelectuales cubanos capaces de reconocer en voz alta
su homosexualidad.
“Yo no tenía nada, sólo promesas y un amante/ sólo el cuerpo de un hombre para
decir –en el estío/ de las rojizas tardes– cuando me tiendo sobre él/siento que
puedo tocar los fugaces bordes de la felicidad”, dice en uno de sus poemas más
íntimos.
Convencido de que las transformaciones hacia una mayor comprensión social de la
homosexualidad son irreversibles, Simón accedió a conversar con SEM en su casa
de la ciudad de Pinar del Río, a 140 kilómetros de La Habana. Lo que había sido
pensado como un breve encuentro se convirtió en una conversación de más de
cuatro horas.
Cambios y límites
SEM: Hace poco vivimos la primera semana de cine por la diversidad sexual
masculina. Están pasando cosas inimaginables hace unos años. ¿Estamos ante un
cambio social?
La sociedad cubana asume con mucha agilidad los cambios. Aún siendo machista,
con una cultura muy falocéntrica, es una sociedad muy mutante y abierta a las
transformaciones. Y es real que, de los años noventa del pasado siglo para acá,
la homosexualidad ha empezado a verse de forma diferente. Si alguien trataba
estos temas hace 20 años, lo hacía como si hablara de una especie rara, en
peligro de extinción. Ahora se empieza a hablar de reconocimiento, convivencia y
comprensión.
SEM: ¿A qué atribuyes ese cambio?
No puedes tener a la gente ciega durante mucho tiempo. Son cosas con las que se
convive cotidianamente, están ahí y terminan por aceptarse. Yo creo que va más
allá de un pensamiento coherente y que es la misma sociedad la que va pidiendo
los cambios. Las sociedades no están aisladas; no se puede aislar un país del
otro y Cuba no puede estar al margen de lo que está pasando con el movimiento
homosexual en el mundo. Por supuesto, aún hay miedos: al homosexual todavía se
le ve como algo altamente contaminante y depredador.
SEM: ¿Podríamos hablar de una cultura gay propia?
Yo diría que sí, porque vivimos en un país muy atípico. En Cuba, no hay sitios
donde los homosexuales puedan encontrarse, compartir o buscar pareja. La gente
no siente la necesidad de asumir la homosexualidad desde una posición de grupo y
la sociedad le ha hecho creer que no hace falta un bar gay o una revista gay
porque sería automarginarse. También sucede que al homosexual cubano le sigue
gustando el patrón de la virilidad: es algo que criticas, que te flagela, que te
margina, pero sigues prefiriéndolo. Cuanto más masculina sea tu presa, más la
exhibes como una gran conquista.
SEM: Hemos hablado de cambios favorables, ¿pero hasta dónde llegan
realmente? ¿Cuáles son los límites?
Se asume la homosexualidad dentro de determinados patrones que la mayoría ha
establecido como permisivos. El modelo que se acepta es el comedido y
respetuoso. Hay límites establecidos y no los pone la minoría, los marca esa
mayoría machista, falocéntrica y viril, en un país que exacerba la virilidad
desde su propia dimensión patriótica y política.
Yo soy homosexual, mi discurso cultural y literario es un discurso desde la
homosexualidad asumida, pero desde qué homosexualidad. ¿Qué pasaría si Nelson
Simón se aparece travestido, mañana, en un festival de poesía? ¿Qué pasaría si
se enamora de una persona transexual? ¿Cuál sería la reacción social?
Caminos recorridos
SEM: Hoy eres capaz de llegar a un escenario y decir “estoy aquí como
artista, pero sobre todo como gay”. ¿Cuánto pasó para llegar hasta aquí?
Estuve seis años de mi adolescencia becado en una escuela vocacional, donde se
formaba al “hombre comunista del futuro” y en donde no podías ser homosexual,
religioso o tener familia en el extranjero. Yo todavía no tenía postura sexual
determinada, pero era un muchacho muy retraído y empezaba a sentir una atracción
hacia la masculinidad. Sufrí en carne propia los ataques de mis compañeros, el
chiste de mal gusto, la discriminación, cosas que en una beca estaban muy
vinculados a ambientes de violencia.
Después, cuando empecé a estudiar medicina, sentí los asedios constantes. Se
suponía que un homosexual no podía ser médico. La presión sicológica era muy
fuerte y nunca he dicho públicamente que uno de los motivos por los que dejé la
carrera fue ese. Entonces estaba en tercer año, me sabía homosexual, quería
vivir como gay y, en ese ambiente, era imposible. La medicina siempre fue mi
vocación y no tenía ni idea de que me iba a dedicar, algún día, a la literatura.
Ahí empecé a ser lo que soy ahora. Fue un momento de ruptura con muchas cosas,
incluso con mi familia, que no me entendió y me dio la espalda. Descubrí que
estaba solo, que los homosexuales casi siempre estamos solos y que tenemos que
empezar a construir una vida desde la soledad. Y entonces, mi pareja muere en un
accidente y empiezo a cuestionarme otras cosas, como por qué había cedido a la
ambigüedad de mantener relaciones con mujeres.
Empecé a vivir como un homosexual, a relacionarme abiertamente con otros como
yo, a no esconderme de nada. Fueron años muy dolorosos, todo el mundo me apartó.
Nelson Simón era un nombre que no se podía mencionar en Pinar del Río, hasta
que, a inicios de los años noventa, me dieron trabajo en la radio provincial.
Había estado mucho tiempo sin trabajo, sin tener con qué mantenerme y viviendo
de la caridad de los amigos.
El peso de una isla
SEM: Como suele suceder en Cuba, tu poesía empezó a tener un
reconocimiento nacional e internacional y eso tuvo una repercusión en tu
ambiente más cercano. ¿Cómo se dio este proceso?
Empiezo a ser visto como un homosexual confiable. Eran años en que uno se veía
obligado a tomar determinadas posturas más relacionadas con la política del país
y la gente comienza a darse cuenta de que yo no era un desafecto. Podía ser muy
crítico, muy incisivo, pero siempre desde adentro.
Salí de Cuba, por primera vez, en 1995. Viajé a España después de publicar El
peso de la isla y cualquiera que lea mi libro encontrará el deseo de quien
quiere escapar de algo que le ha sido agresivo durante mucho tiempo y lo está
asfixiando. Decidí vivir una temporada en Europa. Ese fue un año muy importante
para mí: termino de asumirme, decido que quiero vivir en Cuba y participar de su
transformación.
Hasta ese momento, yo pensaba que la libertad era poder escapar y me doy cuenta
de que la libertad no es huir, sino decidir dónde quieres estar. La libertad es
algo que se lleva por dentro, que te das tú mismo, que no tienes que esperar que
nadie te la dé. Yo no tengo que esperar a que nadie me permita ir a un lugar a
decir que yo soy homosexual. Asumo mi homosexualidad en mi casa, en mi portal,
en la zona de encuentro, donde yo quiera.
Y entonces empiezo A la sombra de los muchachos en flor, un libro escrito
desde un homosexual que vive conflictos comunes a cualquier persona. A la
sombra… no trataba de reivindicar nada que no fuera a mí mismo, ni a un grupo;
estaba reivindicando a Nelson Simón, ayudándolo a estar en paz consigo mismo y a
decir: “cada día estoy más contento con lo que voy siendo”.
Yo no tengo, ahora mismo, que ocultarme y eso me hace muy libre. He pasado de
luchar por mí, a luchar por causas más colectivas. Cuando tú sales del armario,
te puedes parar en público y decir soy gay, no lo haces para invadir el terreno
ajeno, sino para que la gente entienda que tú eres como otro cualquiera, que no
hay que tenerte miedo, que las libertades van por dentro y nadie te lleva de un
lado al otro si tu no quieres ir. Es un problema de respeto a la individualidad
y a los pequeños espacios personales.
SEM: A la sombra de los muchachos en flor ha sido catalogado como
uno de los máximos exponentes de la poesía homoerótica contemporánea cubana. Tú
mismo decías que su aparición fue como una bomba y que te asombró la recepción
que tuvo en Cuba.
A veces piensas que estás trasgrediendo mucho y no estás transgrediendo nada.
Ese libro hacía falta, como en 1993 era necesaria la película Fresa y
Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea. Antes no habría salido esa película y mi
libro tampoco. Cuando en realidad logras romper los límites es porque están
dadas las condiciones para que así sea. Mi libertad era escribirlo y ahí está.
No voy a hacer una bandera de mi libro, tampoco voy a dejar de escribir.
Cuando salió había gente que venía a verme y me decía: ‘me gusta el libro, pero
por qué tanta mariconería’. Y yo me pregunto, si el heterosexual asume su
sexualidad, lo dice todo abiertamente, ¿por qué no lo puedo hacer yo?; si a él
la sociedad lo reconoce, lo asimila y lo incorpora, ¿por qué a mí no?.
Preguntas de meses anteriores
¿La sexualidad es algo
condicionado genéticamente?
¿En Cuba existe la
especialidad de Sexología Clínica?
Cuba el
sexismo en el lenguaje
Código de Ética de la SOCUMES
¿Qué es la Resilencia?