DE LA SEXUALIDAD DIJERON...
¿El desarrollo favorece la igualdad?
Algunas reflexiones desde el lugar de la sexualidad
Por Giselle
Ivette Guerra
El Desarrollo Humano busca actuar para producir cambios en las
conductas de los individuos, los grupos y las sociedades que
posibiliten generar espacios concretos donde se puedan
diseñar, implementar y evaluar las estrategias de prevención,
contención y tratamiento de las problemáticas que limitan la
adecuada distribución de la justicia social. Ello implica la
estructuración de las aptitudes de los individuos para generar
actitudes que contribuyan a implementar políticas que pujen
por la elaboración de soluciones a corto, mediano y largo
plazo con problemas concretos de las personas, las libertades
civiles, los derechos sociales y el cuidado de las personas.
Las desigualdades son una realidad extremadamente chocante de
nuestra realidad cotidiana y que hoy en día se sitúan en el
centro de las discusiones, tanto sociológicas como políticas.
A mi juicio, las clases no son más el escenario por
excelencia, o exclusivo, de las desigualdades. Los procesos de
clase no son los únicos factores que contribuyen al
mantenimiento y reproducción de la desigualdad. En nuestras
sociedades, las desigualdades se han repartido a todo lo ancho
de los más controversiales grupos sociales aunque la noción de
status inferiores, por su parte, es considerada como
facilitadora de la discriminación, la explotación y la
violencia.
La repercusión social del comportamiento sexual de los
individuos, ha sido uno de los blancos hacia los que se han
dirigido las desigualdades sociales de las sociedades
modernas.
La referencia al tema de la sexualidad es una constante en la
historia de la humanidad, tanto por su dedicación como por su
estudio y por su silencio. No existe duda de que el ser humano
es sexuado: desde siempre se lo ha considerado así, aunque la
mayoría de las veces elípticamente. Desde la literatura, el
arte o el empecinado control que se tuvo en ocasiones - por
medio de corrientes religiosa y políticas-, hasta llegar al
discurso médico o el de las ciencias de la salud y sociales.
Sin embargo, en el juego del discurso disgregamos la
sexualidad, la reducimos, la coartamos y sobre todo la
restringimos. Para hacerlo desexualizamos actividades,
relaciones, manifestaciones, etc.
La aparición del concepto de "papel de género" [Gender role]",
traducido en nuestro idioma como género, tanto como el
reconocimiento de las preocupaciones feministas, ha permitido
una nueva discusión donde se acumularon diversas enfoques: el
de las diferencias sexuales, los roles sexuales, los roles de
género, las identidades sexuales, los análisis de género. Todo
ello, y en particular la teorización del encuentro entre los
seres humanos, ha generado un amplio debate. El género se
puede considerar, como actitud frente a siglos de análisis
restringido a una visión masculina del mundo. (VIOLA, 1999)
El género y su problemática, ha permitido traer la discusión y
el análisis de lo sexual del campo de la medicina al de lo
social, evidenciando la realidad de una especie sexuada, con
la variedad de los sexos posibles (genital, hormonal, social,
cromosómico, civil, etc.) que no restringen al individuo sino
que lo elevan al único punto posible de encuentro: el ámbito
de la sexualidad como manifestación total del ser humano,
noción que había sido restringida y abandonada
sistemáticamente, a decir de Osborne, “es la sexualidad quien
determina el género y no al contrario”.
La Sexualidad no puede quedar al margen de la Estructura
Social. Las sociedades se estructuran, antes que nada, en
torno a la sexualidad, y su relación interna generará las
diferencias en los modos de apropiación, tanto subjetivos como
objetivos, de la realidad.
En torno a la Sexualidad, las sociedades actuales distinguen y
reconocen grupos heterosexuales, homosexuales masculinos,
homosexuales femeninas, travestis, transexuales y bisexuales.
Su relación con la producción y reproducción de los medios
materiales y la vida, es bien distinta en dependencia de cual
de los grupos se este analizando.
La Homosexualidad, en sentido genérico y diferenciador de la
orientación heterosexual, ha sido marginada y estigmatizada en
las sociedades por la economía, la política, la legislación y
hasta la familia. En consecuencia, los individuos y grupos que
muestren un comportamiento que los identifique como tales, no
han tenido acceso ni igualdad de oportunidades de
desarrollarse en la vida individual y social. Mientras el
resto de los individuos es medido por sus competencias frente
a las oportunidades de empleo u ocupación, los individuos
homosexuales son marginados. La orientación sexual ha sido
depositaria y eje de diferencias de oportunidades de trabajo y
de vida. La presencia de la discriminación a las personas por
su orientación sexual e identidad de género, no puede ser
ignorada por la política ni por las ciencias sociales, pues en
su interior se gesta la vida misma.
En su sentido más amplio, la noción de sexualidad recubre al
individuo y el no puede pretender no estar relacionado por el
sistema de referencias de su medio familiar, social,
profesional o político. No existe actividad, pensamiento ni
creencia del ser humano que no esté relacionada directamente
con el hecho de ser sexuados. Ahora bien, este principio es el
fundamento de la visión pragmática que debemos tener de la
sexualidad. No obstante ello, reducimos permanentemente a la
sexualidad.
Platón fue, probablemente, el primero en tratar de plantear
una explicación biológica para la orientación homosexual. Lo
hizo en contexto del análisis de la supuesta tendencia que
tenían los humanos de buscar su otra mitad. En el siglo IV
antes de Cristo, en su obra, “El Banquete”, plantea que la
humanidad estuvo una vez formada por tres sexos, que sus
miembros estuvieron unidos en parejas formadas por dos
hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer y que Zeus separo
las parejas para disminuir su poder e inculcarles el temor a
los dioses. Desde entonces, según Platón, los humanos
deambulan por la tierra buscando su otra mitad. Para Platón,
el comportamiento de cada sujeto dependía de cual había sido
originalmente su pareja… (Cáceres, 1997)
En ciertas oportunidades, planteamos como hipótesis de trabajo
que el género es consecuencia de haber fracasado en el intento
de comprender la sexualidad, pues nos supera, toca inevitable
e indefectiblemente toda la dimensión del ser humano, el
traspaso de la naturaleza a la cultura, abarcando toda
manifestación del individuo en función de los ejes que sirven
para construir la realidad: el temporal, el espacial y el
vivencial. (Lamas, M. 1996). No resulta concebible que la
sexualidad se mantenga al margen de toda política educativa,
social, sanitaria ó financiera, que tenga al ser humano como
objetivo y fin de ella. En otras palabras, la sexualidad es
elemento constituyente del ser humano y por ello el desarrollo
de ella es condición "sine qua non" para el Desarrollo Humano.
No es posible aspirar al Desarrollo Humano sin definir,
generar y llevar a la práctica una educación del Ser Humano.
Pensar en educación implica pensar en paradigmas para ello. La
educación es el verdadero mecanismo del Desarrollo Humano, no
solo como alfabetización sino como progreso y modificación de
estructuras a través del cambio de actitudes y el desarrollo
de las aptitudes. La censura, la intolerancia, la represión
son respuestas equívocas a un planteo fundamental: no es
importante educar en valores o aspiraciones ideales tales como
la democracia, el desarrollo, una cultura de la no-violencia,
una igualdad de oportunidades, una no-discriminación, sino de
ofrecer medios para que el pluralismo, la noción del otro, el
nuevo individualismo que proponemos sean la opción tomada como
reacción de libertad y de ese modo se pueda conquistar
efectivamente esos valores que se pregonan. Es decir cambiar
el mecanismo de acceso a los valores, vía la educación y no la
suposición de un consenso de asimilación de los mismos. Evitar
los supuestos implica bregar por la convicción de nuestras
actitudes al permitir, y exigirnos, la alteridad como norma de
convivencia. (Viola, 1999)
Esta postura implica convencernos de que este paradigma de
Desarrollo Humano que sugerimos no es otra cosa que la utopía
perseguida desde siempre, la misma que plantea Sábato cuando
nos habla "de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”,
y la que también sugiere Foucault cuando nos habla de que
"...nuestros esfuerzos, son esfuerzos para cambiar nuestra
manera de mirar, para modificar el horizonte de lo que
conocemos y por intentar llegar a verlo en perspectiva".
No pretendo con este análisis patentizar un nuevo enfoque de
complejidades de la desigualdad social estructurada sino solo
llamar la atención sobre el asunto de las desigualdades en
torno a las orientaciones e identidades sexuales que existen y
han existido en los desarrollos históricos de nuestras
sociedades pero sobre los cuales debemos ser cada vez más
conscientes, porque implican nuestra salud y nuestra propias
vidas.
Cada día, catorce mil personas son infectadas por el VIH/SIDA,
dos mil de estas infecciones ocurren en niños, principalmente
como resultado de la transmisión madre-hijo. Otras doce mil
nuevas infecciones ocurren en personas en edad reproductiva
(15-49) y de ellas el 50% son mujeres y el otro 50% son
jóvenes con edades entre 15 y 24 años. Así, del total global
de 42 millones de personas viviendo con VIH/SIDA, vemos que
11.8 millones son jóvenes con edades entre 15 y 24 años. No
nos preocupamos suficientemente de la violencia sexual pero
una de cada cuatro mujeres es víctima de la violencia, y con
demasiada frecuencia es experimentada a manos de su pareja
íntima.
Somos conscientes de la homosexualidad sólo cuando el
resultado son enfermedades o cuando es recogida en registros
judiciales o policiales, o en las manifestaciones públicas de
grupos homosexuales. Pero cuando el resultado no es ninguno de
estos, no somos conscientes porque las víctimas temen a las
autoridades, temen la burla o ser tratadas con indiferencia y
hasta que las culpen por sus actividades privadas.
Sólo una acción colectiva que busque organizar una lucha
simbólica capaz de cuestionar prácticamente todos lo
presupuestos tácitos de la visión falonarcisista del mundo
puede determinar la ruptura del pacto casi inmediato entre las
estructuras incorporadas y las estructuras objetivadas esta es
la condición para una verdadera conversión colectiva de las
estructuras mentales, no sólo entre los miembros del sexo
dominado sino también entre los miembros del sexo dominante,
que no pueden contribuir a la liberación más que librando la
trampa del privilegio. (Bordieu, 2000)
En torno a la sexualidad podría constituirse una
estructuración que identifique ”las orientaciones sexuales”,
“la identidades de los individuos“ con respecto a su grupo que
no puede ser menos importante, pues en esas estructuras se
reproduce o no la vida del hombre. En cuanto a la movilidad
podríamos analizar cómo los individuos de orígenes en ciertos
grupos tienen finales en grupos distintos, o sea, hijos de
padres heterosexuales, son homosexuales, y a la inversa para
los casos de familias homosexuales que logran tener o adoptar
hijos. Estas nuevas relaciones, vistas en paralelo con la
estructuración socio clasista de la sociedad, pueden ser
fuente de nuevos datos que nos ayuden a profundizar y entender
la sexualidad como parte inseparable del ser humano.
En tanto las políticas económicas y sociales para el
desarrollo no tengan en cuenta las causas más profundas de las
desigualdades y los gobiernos no adopten políticas de
responsabilidad y respeto, se eduque y se legisle en pro de
actitudes similares, no podremos decir que el desarrollo
favorece la igualdad.
El Desarrollo Humano tiene que ser, sobre todo,
reconocimiento: de capacidades ocultas, de actores invisibles,
de procesos en marcha, de articulaciones viables que
habitualmente persisten en la penumbra y casi siempre en el
olvido. “La lucha por el reconocimiento –escribe Frazer- se
está convirtiendo rápidamente en la forma paradigmática de
conflicto político en los últimos años del siglo veinte. Las
exigencias de «reconocimiento de la diferencia» alimentan las
luchas de grupos que se movilizan bajo las banderas de la
nacionalidad, la etnia, la ‘raza’,la religión, el género y la
sexualidad. En estos conflictos ‘postsocialistas’, la
identidad de grupo sustituye a los intereses de clase como
mecanismo principal de movilización política. La dominación
cultural reemplaza a la explotación como injusticia
fundamental. Y el reconocimiento cultural desplaza a la
redistribución socioeconómica como remedio a la injusticia y
objetivo de la lucha política” (Frazer, N 1999).
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