SEXUALIDAD EN MUJERES ADULTAS MAYORES
Dra. Yanet Cabrera Cao
Policlínico Docente Universitario “Plaza de la
Revolución”
yanet.cabrera@infomed.sld.cu
A PESAR DE LOS AVANCES EN LA ATENCIÓN INTEGRAL AL
ADULTO MAYOR, EN TÉRMINOS DE SEXUALIDAD EXISTE LA TENDENCIA A SUBESTIMAR LAS
CAPACIDADES, DESEOS Y NECESIDADES QUE TIENEN LOS ADULTOS MAYORES EN LA ESFERA
SEXUAL. CON EL PROPÓSITO DE CARACTERIZAR ALGUNOS ASPECTOS RELACIONADOS CON LA
SEXUALIDAD DE LAS MUJERES ADULTAS MAYORES DE 60 A 74 AÑOS, CONSULTORIO 11,
POLICLÍNICO PLAZA DE LA REVOLUCIÓN, EN EL AÑO 2007, SE REALIZÓ UN ESTUDIO
DESCRIPTIVO, DE CORTE TRANSVERSAL. PREDOMINARON LAS JUBILADAS Y LAS AMAS DE
CASA. SÓLO LAS MUJERES CASADAS TENÍAN RELACIÓN DE PAREJA; DE ELLAS, 86,6 %
REFIRIÓ INSATISFACCIÓN SEXUAL. LAS CAUSAS MÁS FRECUENTES DE INSATISFACCIÓN
SEXUAL EN MUJERES CASADAS FUERON: AGOTAMIENTO FÍSICO Y AUSENCIA DE PRIVACIDAD.
LA OPINIÓN FAMILIAR FUE CONSIDERADA IMPORTANTE. EL 62,1 % NO HABÍA OBTENIDO
INFORMACIÓN SOBRE SEXUALIDAD EN LA VEJEZ. LA VULVOVAGINITIS ATRÓFICA, LA
ARTROSIS Y/O REUMATISMOS Y LA INCONTINENCIA URINARIA FUERON LAS ENFERMEDADES QUE
MÁS AFECTARON LA SALUD SEXUAL. EL PLACER SEXUAL Y EL COITO FUERON IDENTIFICADOS
POSITIVAMENTE; NO LA MASTURBACIÓN. SE COMPROBÓ QUE LA RECARGA GENÉRICA TUVO
EFECTOS NEGATIVOS SOBRE LA SEXUALIDAD EN LAS ADULTAS MAYORES
ESTUDIADAS.
PALABRAS CLAVES: SALUD SEXUAL, SEXUALIDAD, TERCERA EDAD,
CALIDAD DE VIDA
SEXUALITY IN SENIOR ADULT WOMEN
IN SPITE OF THE
ADVANCES MADE IN THE COMPREHENSIVE CARE OF THE SENIOR ADULT, IN TERMS OF
SEXUALITY THERE IS THE TREND TO UNDERESTIMATE THE CAPACITIES, DESIRES AND NEEDS
THAT THE SENIOR ADULT HAS IN THE SEXUAL SPHERE. WITH THE PURPOSE OF
CHARACTERIZING SOME ASPECTS RELATED TO THE SEXUALITY OF THE SENIOR ADULT WOMEN
FROM 60 TO 74 YEARS OLD, OF THE PHYSICIAN OFFICE ? 11, LINKED TO THE POLYCLINIC
PLAZA DE LA REVOLUCIÓN IN 2007, A DESCRIPTIVE STUDY OF TRANSVERSAL NATURE WAS
MADE. THE RETIRED WOMEN AND HOUSEWIVES WERE PREDOMINANT IN THE SAMPLE. ONLY THE
MARRIED WOMEN HAD A PARTNER RELATIONSHIP. A PERCENTAGE OF 86.6 REFERRED SEXUAL
DISSATISFACTION. THE MOST FREQUENT CAUSES FOR THIS SEXUAL DISSATISFACTION IN
MARRIED WOMEN WERE: PHYSICAL EXHAUSTION AND THE ABSENCE OF PRIVACY. FAMILY
OPINION WAS CONSIDERED IMPORTANT. A PERCENTAGE OF 62,1 HAD NOT OBTAINED
INFORMATION ON SEXUALITY IN OLD AGE. ATROPHIC VULVOVAGINITIS, DEGENERATIVE
OSTEO-ARTHRITIS AND/OR RHEUMATISMS AND URINARY INCONTINENCE WERE THE AILMENTS
THAT MOST AFFECTED SEXUAL HEALTH. SEXUAL PLEASURE AND COITUS WERE POSITIVELY
IDENTIFIED, BUT NOT MASTURBATION. HOW THE GENERIC OVERLOAD HAD NEGATIVE EFFECTS
ON THE SEXUALITY OF THE STUDIED SENIOR ADULT WOMEN, WAS PROVEN.
KEY
WORDS: SEXUAL HEALTH, SEXUALITY, THIRD AGE, QUALITY OF LIFE
INTRODUCCIÓN
Actualmente las mujeres cubanas viven como promediocuatro años
más que los hombres, y al arribar a los sesenta años la diferencia en la
esperanza de vida a esa edad es de algo más de dos años. De continuar
manteniendo esa ventaja, los problemas sociales, económicos y de salud de la
población senescente continuarán siendo principalmente los problemas de las
mujeres (II Congreso de Seguridad Social, 2006; MINSAP, 2001). Por muchos es
reconocido que, a pesar de sus contribuciones significativas, las mujeres
mayores continúan siendo desestimadas; y en muchas ocasiones carecen de control
sobre los elementos más esenciales de sus vidas, dentro de los cuales se
encuentra la sexualidad (Castañeda, 2007).
La sexualidad comprende un conjunto de mecanismos y reacciones biológicas,
psíquicas y emocionales que, si bien se basan en el instinto de reproducción, se
hallan presentes durante toda la vida y se manifiestan de diversas maneras (Díaz
N. y Thompson, 2003).
El desarrollo sexual humano es un proceso que abarca toda la
vida, y actualmente se reconoce la sexualidad como un elemento fundamental en la
buena calidad de vida de los adultos mayores (Ibíd.).
La vida cotidiana, marcada por diferencias de roles entre
hombres y mujeres, afecta también a la mujer de la tercera edad, quien, alejada
cada vez más del vinculo social, redobla sus esfuerzos hacia las labores
domésticas, el cuidado de los hijos e hijas, la crianza de nietos y nietas, el
cuidado de enfermos y de otros adultos mayores en el propio seno familiar, sin
dejar de velar por el «normal » funcionamiento de la familia. Todo lo anterior
comienza a traducirse en ansiedad, depresión, irritabilidad y otros malestares
que se atribuyen muchas veces a los cambios biológicos por la edad y pocas veces
son asociados a la sobrecarga por su condición de género (Castañeda,
2007).
En relación con el tratamiento de la sexualidad en la tercera
edad, se conoce la existencia a escala social de un patrón dominante sexual
(heterosexual-matrimonial- reproductivo-juvenil) que opera desde la infancia y
en cada una de las etapas de la vida, con tendencia a ignorar, subestimar y en
la mayoría de las veces a malinterpretar las capacidades, los deseos y las
necesidades que tienen los adultos mayores en la esfera sexual, especialmente en
el caso de las mujeres (Díaz N. y Thompson, 2003; Figueredo, Sotolongo y Arcias,
2003).
Tomando en consideración lo hasta ahora mencionado, mediante
esta investigación pretendemos caracterizar algunos aspectos relacionados con la
sexualidad en mujeres adultas mayores de 60 a 74 años pertenecientes al
consultorio médico no. 11, Policlínico Plaza de la Revolución, en el año
2007.
MÉTODOS
Se realizó un estudio descriptivo, de corte transversal, con diseño no experimental. El universo de estudio estuvo constituido por las 87 mujeres de 60 a 74 años pertenecientes al consultorio médico no. 11, Policlínico Plaza de la Revolución, en el año 2007. Se conceptualizó y operacionalizó cada una de las variables pertenecientes a las siguientes categorías:
• categoría I: variables sociodemográficas (escolaridad,
ocupación y estado civil);
• categoría II: variables psicosociales (relación actual de pareja, percepción de utilidad social, percepción de satisfacción sexual actual, percepción sobre la importancia de la opinión familiar, vías de información sobre sexualidad geriátrica,...).
Por considerarlo como un importante indicador de calidad de
vida en la vejez, conferimos especial interés en definir la percepción de
satisfacción sexual actual como aquel estado de bienestar subjetivo resultante
de un juicio global y personal al balancear las experiencias negativas respecto
a las positivas relacionadas con el deseo, el interés sexual y/o la presencia de
actividad sexual mantenida en el momento actual.
• categoría III: variables biológicas (enfermedades que, según criterio de la mujer adulta mayor, repercuten en su sexualidad);
• categoría IV: variables relacionadas con las creencias personales sobre la actividad sexual en la vejez (criterios acerca del placer sexual, del coito y la masturbación en la tercera
edad);
• categoría V: variables relacionadas con el rol de género (índice de condicionamiento de género: ICG).
En este caso consideramos el rol de género como aquella
expresión pública de la identidad asumida mediante el desempeño de diversos
papeles en la vida sexual (Castañeda, 2007). Se interpretó como recarga genérica
(Castañeda, 2007; Figueredo, Sotolongo y Arcias, 2003) aquella situación que
excede el umbral adaptativo morfofisiológico, psicológico y/o social de una
persona determinada, como producto de asignaciones culturales y sociales que se
expresan en relaciones de poder inequitativas entre los sexos.
Como criterios de inclusión, se tuvo en cuenta que las mujeres
se encontraran entre 60 y 74 años, que pertenecieran al área de salud, que no
presentaran enfermedad psíquica y que tuvieran voluntariedad de participar en la
investigación.
La recopilación de la información se obtuvo a partir de
entrevistas individuales estructuradas, la aplicación del índice de
condicionamiento de género (ICG), así como a través de la realización de un
grupo focal y de la opinión del grupo de expertos o de asesoramiento técnico.
Las entrevistas individuales estructuradas fueron previamente validadas en un
grupo de adultas mayores escogidas al azar, para evaluar la efectividad del
instrumento y realizar las modificaciones al mismo según el resultado de dicha
validación. Se obtuvo el consentimiento informado de cada adulta mayor
participante.
Toda la información se codificó en soporte electrónico,
creándose una base de datos en función de los objetivos trazados. Se calcularon
los Con mazorca de maíz (1991) Acrílico sobre lienzo, 100 x 81 cm porcentajes de
los problemas de salud sexual de las mujeres adultas mayores estudiadas. El
procesamiento estadístico se realizó a través del programa SPSS/PC versión 11.5,
con salidas en tablas y gráficos, aplicándose tests estadísticos descriptivos
(frecuencias absolutas y relativas) y pruebas de significación estadística (Chi
Cuadrado) para establecer relaciones de significación entre algunas
variables.
ANÁLISIS Y DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS
En relación con la escolaridad, predominó el nivel primario
(51,7 %); el mayor porcentaje de las adultas mayores no ejercía vida laboral
activa (jubiladas: 65,3 %; amas de casa: 33,3 %), y predominaron las mujeres
casadas (66,7 %).
En las discusiones del grupo focal la jubilación fue señalada
como «un arma de doble filo, con lados buenos y malos» (D.F.R., 69 años). Como
único aspecto positivo señalaron la disponibilidad de tiempo—que ahora se
impregna de tareas domésticas y de cuidados incondicionales a la familia—; entre
los negativos, el inevitable descenso de la economía personal y el aislamiento
social, lo cual repercute en la autoestima, la iniciativa y la autonomía y, por
tanto, en la sexualidad.
La totalidad que refirió tener relación actual de pareja, se
correspondía con las mujeres casadas (p < 0,05). Al igual que en otros
estudios, pudimos comprobar que alcanzar la adultez mayor sin pareja sexual, en
la mujer, conduce a una disminución progresiva de las posibilidades de compañero
sexual y al abandono de las prácticas sexuales. Es más improbable que una mujer
adulta mayor tenga actividad sexual si no está casada, lo cual limita su
sexualidad al matrimonio (González D. et al., 2005; Rodríguez B., 2003; González
L., 2002).
Respecto a los factores psicosociales, apreciamos cómo 83,9 %
de las adultas mayores se percibían útiles ante sí mismas y la sociedad. En el
desarrollo del grupo focal se señaló que «la mujer mayor debe luchar por
mostrarse útil hacia los demás, dueña de su realidad […]; si ella misma proyecta
una imagen de fragilidad y no se da valor ni defiende su sexualidad, ¿qué
podemos esperar de la sociedad?»(C.V.E., 65 años).
De todo el grupo, 86,6 % refirieron insatisfacción sexual.
Entre las causas más frecuentes de insatisfacción sexual, se encontraron el
agotamiento físico (62,1 %) y la falta de privacidad (55,2 %).
Cada cual envejece como ha vivido; la negación de lo sexual en
la vida cotidiana responde a la actitud asumida y aprendida desde mucho
antes de la vejez; y constituye el factor no biológico de mayor incidencia sobre
la sexualidad. Víctima de críticas y estereotipos sociales rígidos en torno a lo
sexual, al conceder poca importancia al aspecto sexual la mujer puede llegar a
considerarlo como innecesario, no propio de la edad o una actividad carente de
sentido y atractivos. (Artiles, 2000; Presno y Castañeda, 2003).
Según algunos estudios; el agotamiento físico propio de la
vejez disminuye el interés por el contacto sexual (González D. et al., 2005;
Orihuela, Gómez y Fumero, 2001; Mishara y Reídle, 2001; Gil, 2000). En el caso
particular de las mujeres mayores, cabe señalar que, al estar sometidas a
sobrecargas de trabajo doméstico, la presencia de ansiedad, depresión,
irritabilidad y lógicamente cansancio o malestar excesivo favorece la apatía o
desinterés sexual.
La idea de muerte sexual después de los 60 años
constituye un factor estresor para el adulto mayor, y en el marco familiar
justifica la intromisión en los espacios privados de los ancianos (Rodríguez,
1999; Alonso, Bayarre y Artiles, 2004). El adulto mayor solo o, peor aún, la
pareja se ven obligados a ceder sus habitaciones a integrantes más jóvenes de la
familia o, por el contrario, la comparten con hijos o nietos, o sus habitaciones
quedan destinadas a cuartos de desahogo, lo cual limita su privacidad y
el despliegue de la sexualidad.
La opinión familiar acerca de la sexualidad en la vejez fue
considerada importante por 97,7 % de las mujeres. Sobre el tratamiento de este
tema, en el grupo focal afloraron las siguientes expresiones:
• Desde hace rato mi viejo y yo dejamos de darnos cariños y mimos delante de la familia. Ellos piensan que sólo servimos para los mandados y los nietos. (M.E.F.V., 71 años)
• Un día se le ocurre al señor mayor del segundo piso traerme la jaba que pesaba que era una barbaridad. Cuando cierro la puerta y me viro, ahí mismo estaba mi hija y me dice: Mima, deja el romance y ayúdame con la casa que ya tú no estás para eso. (C.G.P., 73 años)
La familia, por lo general, no acepta que pueda existir interés
sexual en la vejez y rechazan las manifestaciones sexuales de los adultos
mayores, especialmente en las mujeres. La familia prefiere conservar la imagen
de «cuidadoras por excelencia, superabuelas o guardianas de la familia»; por
esta razón los familiares mantienen una actitud restrictiva o inhibitoria que
obstaculiza la vida íntima y sexual. Suele ocurrir que los hijos, educados bajo
la negación sexual de la vejez, se oponen a las nuevas relaciones de pareja
luego de la viudez de sus madres; de hecho las despojan de su privacidad e
invaden su espacio psicológico (Rodríguez, 1999; Alonso, Bayarre y Artiles,
2004; Martínez y Paz, 2005).
De las encuestadas, 62,1 % no había obtenido información sobre
sexualidad en la vejez. Este elemento lo consideramos importante y muy vinculado
a las causas de gran parte de los trastornos sexuales que ocurren en la tercera
edad.
La errónea asociación entre sexualidad y reproducción, y la
existencia del prejuicio de que «viejo es igual a enfermo», son algunos de los
factores relacionados con la sexualidad en la vejez con mayor arraigo en nuestra
sociedad. Los profesionales de la salud no estamos exentos de los prejuicios
socioculturales, tabúes y mitos respecto a la sexualidad del adulto mayor. Con
frecuencia en la práctica asistencial se evita tratar el tema frente a nuestros
pacientes, sobre todo en el caso particular de la mujer. El hecho de no indagar
información respecto a la historia sexual o sobre los aspectos sexuales
contribuye a que muchas de las insatisfacciones sexuales no sean referidas y,
por tanto, dejen de ser diagnosticadas y/o tratadas correctamente (Rodríguez B.,
2003; Orihuela, Gómez y Fumero, 2001).
Las enfermedades que más afectaron la salud sexual fueron la
vulvovaginitis atrófica (63,2 %), la artrosis y/o reumatismos (58,6 %) y la
incontinencia urinaria (43,7 %).
La vulvovaginitis atrófica constituye causa frecuente de
insatisfacción sexual; los cambios originados en este sentido deben ser
conocidos por la mujer y su pareja y, en caso de necesidad, deben recurrir a
ayuda profesional, para que no llegue a repercutir en la actividad sexual y el
grado de satisfacción. Así mismo ocurre con la artrosis y/o reumatismos, que
pueden afectar la actividad sexual al provocar dificultades en la adopción de
posturas durante el acto sexual; y la incontinencia urinaria es originada por la
atrofia progresiva del aparato urinario inferior al ser estrógenodependiente
(Chang, 2002; Leyva et al., 2001).
En relación con las creencias personales sobre la actividad
sexual en la vejez, los besos, las caricias y los abrazos fueron considerados
como positivos por la totalidad de los casos, y 79,9 % consideraron la
masturbación como inapropiada, ridícula y/o escandalosa en la tercera
edad.
Secundario al análisis y discusión, y sobre todo a través de la
aplicación del grupo focal, se pudo percibir que es probable que, a pesar de
identificar positivamente los besos, las caricias y los abrazos como
manifestaciones del placer sexual, las mujeres carecen de los mismos en sus
relaciones de pareja; o de
tenerlos, falla algún otro factor que influye
directamente en la sexualidad. La falta de comunicación y la monotonía en la
relación, matizada por los problemas de índole familiar, económicos o de salud;
las presiones familiares y sociales, dadas por los estereotipos sexuales
existentes, entre otros factores, terminan por delegar a un segundo o tercer
plano la armonización de una intimidad y sexualidad plenas en la tercera edad
(Rodríguez B., 2003; Leyva et al., 2001).
La masturbación ha constituido fuente de crítica y repudio
social. Suele identificarse con etapas sexuales activas de la vida (adolescencia
y madurez), y sexualmente con el varón. Por ello, el hecho de ser mujer y además
pasar de 60 años hace que algunos consideren la masturbación como un acto
escandaloso o ridículo propio de mentes enfermas o retorcidas. Si a lo anterior
añadimos una deficiente o incompleta preparación personal en conocimientos sobre
sexualidad y la asimilación desde edades tempranas de patrones sexuales
dominantes (heterosexualmatrimonial-reproductivo-juvenil), la masturbación,
lejos de representar una opción generadora de placer en la pareja, se une con su
ausencia al detrimento de una sexualidad satisfactoria en la vejez
(ibíd.).
En las entrevistas, 64,4 % consideraron el coito en la tercera
edad como positivo; sin embargo, al tratar el tema en el grupo focal una
cantidad significativa de mujeres alegaban no estar satisfechas al realizarlo
por sentir en ocasiones sensaciones dolorosas, no estar lo suficientemente
preparadas o sentirse agotadas, entre otras razones.
En estudios realizados por Rodríguez Boti (2003) y otros
investigadores se pone en evidencia que todo concepto de sexualidad que la
identifique topológicamente con la genitalidad y no reconozca como válida la
comunicación, el afecto o cualquier actividad de contacto corporal generadora de
placer en la pareja, niega o disminuye las posibilidades de vivir la sexualidad
en la vejez.
Frecuentemente las mujeres mayores asisten a la relación sexual
por complacencia. Muchas veces llegan a ésta sin una preparación adecuada, sin
un intercambio previo de caricias, ni frases amorosas o juegos sexuales que
contribuyan a la excitación y lubricación de sus genitales, que requieren de
mayor tiempo para esto. Suelen ser sorprendidas a altas horas de la noche o en
la madrugada por sus compañeros sexuales, quienes aprovechan las erecciones
espontáneas nocturnas y rápidamente buscan la penetración, a pesar de las
molestias o el dolor que puedan causar, para luego quedar profundamente dormidos
por el cansancio, a veces sin mediar palabra o gesto amoroso alguno. Si a lo
anterior le añadimos el agotamiento físico secundario a la recarga genérica, el
coito, lejos de representar una fuente generadora de placer, termina siendo una
fuente de rechazo y malestar que incluso lastima aun más la relación de
pareja.
Del total de mujeres adultas mayores estudiadas, 78,1 %
presentaron recarga de género según instructivo aplicado. En el grupo focal las
mujeres identificaron la recarga genérica como una de las causas fundamentales
de insatisfacción sexual.
El rol de género también tiene sus efectos en la tercera edad.
En muchas ocasiones la mujer mayor queda atrapada en la atención y el cuidado de
los hijos, los nietos, de otros adultos mayores o de familiares enfermos, en la
administración de la economía del hogar, así como en el trabajo doméstico y los
incuestionables paradigmas sociales. La mujer adulta mayor termina asumiendo dos
o más roles simultáneamente, lo que se ha denominado carga múltiple. Esta
práctica sistemática termina por afectar en gran medida la utilización del
tiempo dedicado al descanso y la recreación individual, repercutiendo
desfavorablemente en la salud física y mental, y alimentando gradualmente el
desinterés sexual, lo que eventualmente provocará la muerte de la
sexualidad (Castañeda, 2007; Artiles, 2000; Presno y Castañeda, 2003).
CONCLUSIONES
1. La jubilación y el aislamiento social fueron identificados
como factores que influyen negativamente en la sexualidad de la mujer adulta
mayor.
2. Sólo las mujeres adultas mayores casadas objeto de estudio
refirieron tener prácticas sexuales de pareja.
3. El agotamiento físico, la
falta de oportunidad de encontrar pareja y la ausencia de privacidad, junto a
enfermedades como la vulvovaginitis atrófica, la artrosis y/o reumatismos y la
incontinencia urinaria, contribuyeron al desinterés sexual en las mujeres
estudiadas.
4. Los besos, las caricias, los abrazos y el sexo coital fueron
considerados como factores favorecedores de la sexualidad en la mujer
senescente.
5. Las adultas mayores con sobrecarga genérica experimentaron
creciente desinterés por la sexualidad, disminución de la actividad sexual y
eventualmente insatisfacción sexual.
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