SEXISMO EN EL LENGUAJE CIENTÍFICO
Ms.C Jeannette Via Ampuero
Psicóloga del Hospital Clínico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras”
janet.via@infomed.sld.cu

LA PRESENCIA DE LA MUJER COMO TÉCNICA Y PROFESIONAL EN LA SOCIEDAD ES AMPLIA; EMPERO, LOS TEXTOS CIENTÍFICOS CONTINÚAN REFLEJANDO ACTITUDES SEXISTAS, LO CUAL DESPERTÓ EL INTERÉS DE EXPLORAR EL SEXISMO LINGÜÍSTICO EN LOS LIBROS UNIVERSITARIOS. SE ANALIZARON LOS CONTENIDOS DEL LIBRO PSICOLOGÍA GENERAL.

INTRODUCCIÓN
El lenguaje y su aprendizaje no son imparciales, pues llevan implícitos el sello de la ideología androcéntrica y el modo de perpetuar la concepción devaluadora de la mujer. El lenguaje científico no es una excepción en esta problemática; de hecho, el lenguaje científico tiene autoridad y perpetúa lo aprendido en aquellos libros de texto de la infancia con expresiones como: Mamá prepara el desayuno o María barre y Juan escribe novelas. No se trata de que la ciencia sea realizada por hombres, sino porque son hombres y mujeres que explican la realidad con modelos de análisis masculinos.

Los movimientos feministas permitieron reflejar los sesgos de género imperantes en la ciencia, lo que implica una observación parcializada de la realidad hecha desde una mirada androcéntrica que ha sostenido el punto de vista de los varones y, por consiguiente, ha invisibilizado o excluido a las mujeres, así como permitió reforzar los estereotipos masculinos y femeninos.

En nuestro país, 44,7 % de las personas en el sector estatal y 67 % con categoría técnica y profesional son mujeres; sin embargo, los textos científicos siguen reflejando actitudes sexistas.

Lo expuesto despertó el interés de explorar el sexismo lingüístico en los libros universitarios. Se realizó un análisis de discurso del texto de Psicología general, orientado para el estudio en el primer año de las sedes universitarias municipales de la Universidad de La Habana (SUM-UH), correspondiente al programa de la Universalización de la Enseñanza Superior comprendido en la Batalla de Ideas. En virtud de lo expuesto se formularon los siguientes objetivos:
Objetivo general
• Demostrar la presencia de algunas manifestaciones de sexismo en el lenguaje empleado en el texto de Psicología general.
Objetivos específicos
• Identificar manifestaciones que den cuenta de una óptica androcéntrica en el lenguaje empleado en el texto de Psicología general.
• Señalar estereotipos femeninos y masculinos en el lenguaje empleado en el texto de
Psicología general.

DEFINICIÓN DE CONCEPTOS
Sexismo: actitud o acción que subvalora, excluye, subrepresenta y estereotipa a las personas en razón de su sexo. En la lengua se denomina sexismo lingüístico.

Androcentrismo: es el enfoque desde una única perspectiva: la del sexo masculino. Supone a los hombres como centro y medida de todas las cosas.
Estereotipos: son ideas simplificadas pero fuertemente asumidas sobre las características de hombres y mujeres. Definen «lo masculino» y «lo femenino» sobre la base de los patrones genéricos de cada cultura y época de forma simbólica.

ALGUNAS REFERENCIAS TEÓRICAS SOBRE EL TEMA
El sexismo no es un punto de vista que ignora a las mujeres, sino una actitud de menosprecio y de subvaloración de lo que son o hacen las mujeres:

Una actitud derivada de la supremacía masculina y también un método utilizado por el patriarcado para continuar manteniendo en situación de subordinación al sexo femenino.1

Y como se señalaba más arriba, la ciencia se suma a esta forma de nombrar la realidad. En tal sentido, Fernando Barragán Medero señala que si se revisa críticamente «la epistemología de las ciencias, la psicología, la sociología, la pedagogía y la antropología, que en su conjunto determinan el concepto de conocimiento, […] comprobaremos cómo las ciencias mencionadas no están exentas de los prejuicios sexistas dominantes».2

Volviendo al tema del lenguaje, Judith Astelarra afirma:

En lo que hace referencia a la conceptualización, el lenguaje mismo ya es un producto patriarcal. El mundo de las ideas está siempre en masculino, pensado por y para los hombres. Este problema también aparece en la conceptualización científica, lo que ha llevado a las investigadoras a intentar develar su contenido sexista.3

El lenguaje sexista y su carga de prejuicios, exclusión y ocultamiento no representan apropiadamente a la sociedad. Lo que hace es negar o deshumanizar la existencia de mujeres y hombres: «Numerosas palabras, exclusivamente masculinas, niegan la participación de las mujeres en nuestra sociedad.»4

La autora Nuria Gregori también alude al carácter social de estas cuestiones:

[...] la existencia del lenguaje sexista no es una cuestión puramente lingüística, sino esencialmente social y, por lo tanto, su eliminación requiere de cambios también en la sociedad y en consecuencia en nuestras mentes.5

Los inevitables estereotipos que configuran «lo masculino» y «lo femenino» también dicen presente, y así lo hace ver Héctor Islas Azaiz cuando expresa:

En términos generales el lenguaje sexista ha fomentado, con el empleo de estereotipos insidiosos y asimetrías semánticas y sintácticas, una imagen de la mujer que desestima su contribución a la sociedad e incluso su presencia misma en ciertas áreas. […] se define necesariamente por su relación con los hombres, su sexualidad y sus funciones reproductivas. […] Desde luego que el lenguaje sexista es también un reflejo de las condiciones de inequidad en las que viven las mujeres, del reparto desproporcionado del poder en la sociedad.6

En los últimos tiempos esta forma de nombrar el mundo está siendo cuestionada y con ello se insta a elaborar un discurso en el que la mujer esté presente con toda la potencialidad de que es capaz:

[...] nosotros aspiramos a que la lengua represente adecuadamente a las distintas personas y grupos que componen la sociedad, y en consecuencia a que la lengua explique la realidad sin ninguna forma de discriminación.7

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS
Uso de la palabra hombre Los motivos que cuestionan el empleo del vocablo hombre como genérico, se refieren a que propicia la ambigüedad, se autoproclama representante del género humano y oculta la presencia de las mujeres.

Veamos un enunciado que ejemplifica lo expuesto:

A diferencia del animal, el hombre no sólo utiliza sino que prepara los instrumentos […] el hombre primitivo podía desollar el animal cazado o cortar los pedazos de árbol [página 44].

Se habla del hombre como genérico pero luego describe actividades que socialmente se asocian a los hombres varones (desollar animal cazado, cortar pedazos de árbol), lo cual da lugar a la duda de si está usando el vocablo hombre como genérico o si en la mente del autor siempre estuvo detrás de la palabra hombre la figura del varón.

Podemos deducir que tras el genérico hombre se esconde la figura del varón.

La mujer en el texto
La mujer aparece sólo en contadas ocasiones, y la posición de carácter inferior que ocupa respecto a la presencia masculina constituye un claro indicador de la óptica androcéntrica que subyace en el texto.

Tal es el caso en los siguientes enunciados:
La madre contempla a su hijo con sentimientos, con emociones [página 11].
Mamá dice que tenemos el cuarto muy desordenado [página 20].
El amor que la madre siente por su hijo [página 22].
Cuando la madre le dice al niño: «Esto es una taza.» [página 50].
[…] la madre preocupada por la repentina enfermedad del hijo [página 180].

En estos enunciados se refuerzan los estereotipos asignados a la mujer:
1. Las pocas veces que se la nombra es para hacerlo como madre; es decir, se apela a la función que tradicionalmente ha caracterizado a la mujer: la maternidad.
2. Se la vincula a la esfera afectiva, que define al género femenino.
3. Se la ubica en el espacio privado. En el texto se menciona el cuarto desordenado y una taza, objetos que pertenecen al ámbito privado, al espacio doméstico.
4. Se la describe desde un punto de vista relacional, siempre en función de otros.
5. Se la vincula a la educación, otra esfera asignada a la mujer.

La palabra mujer
La palabra hombre aparece con frecuencia, contrariamente a la palabra mujer, nombrada en sólo dos oportunidades:

[…] pero que se presentan como un fundamento de la superioridad del blanco sobre el negro, del hombre sobre la mujer, del burgués sobre el proletario y, en general, de los poderosos sobre los débiles [página 15]. El amor entre el hombre y la mujer, como sentimiento, tiene […] [página 184].

En el primer enunciado hay un uso incorrecto del adjetivo débil. En realidad, se trata de la subordinación; según lo que se expresa, a quienes se les atribuye la subordinación son débiles, entre ellos la mujer (el sexo débil).

En el segundo, la mujer aparece sólo desempeñando un papel relacional respecto del hombre y vinculada, otra vez, con lo afectivo emocional.

Podemos observar que la mujer aparece en sentido relacional respecto del hombre y del hijo: contrapuesta al hombre en sentido negativo y desempeñando exclusivamente la función de madre y ama de casa.

Las palabras niño y niña
La palabra niña aparece expresada en el texto tan sólo una vez, no así la palabra niño, empleada casi de manera exclusiva. Veamos:

Esa niña no es inteligente pero baila como los ángeles [página 167].

Si bien el ejemplo se trae para señalar una contradicción, sobresale el hecho de que para resaltar la no inteligencia, se trae como ejemplo a una niña, mientras que en el desarrollo del texto, abunda la palabra niño como masculino genérico, vinculado siempre a tareas de aprendizaje y conocimiento.

Considerar la palabra niño como masculino genérico, requiere cuestionamientos que, al igual que en situaciones anteriores, marcan diferencias.

Veamos en el siguiente ejemplo cómo funciona la palabra niño:

El niño analiza y sintetiza los objetos cognoscibles […]. La curiosidad del niño lo hace romper sus juguetes, precisamente con el fin de conocer «qué hay dentro» [página 149].

Se emplea el masculino genérico niño estrechamente relacionado con el proceso de cognición, pero se ejemplifica con actividad socialmente identificada como propia de niños varones (romper juguetes) y se justifica en aras del conocimiento. Entonces, detrás de la palabra niño se esconde la figura del niño varón, situación que sostiene la mirada androcéntrica prevaleciente en el texto.

Estereotipos femeninos
La mujer aparece en contadas ocasiones, pero son suficientes para dar cuenta de cómo se refuerzan los estereotipos que socialmente la identifican y definen: la maternidad, la emotividad, la debilidad, responsable de la educación, situada en el espacio doméstico o privado, incapaz intelectualmente.

Estereotipos masculinos
A pesar de la ambigüedad, el texto deja traslucir algunos estereotipos que caracterizan al hombre:
• la violencia: «El hombre atrapado por la violencia, el terror, la confusión, […]» (página 178);
• la insensibilidad: «En la vida teórica y práctica el hombre debe dominar sus sentimientos, frenar sus emociones […]» (página 171);
• la valentía: «[…] heroísmo de hombres […] que protegieron con su cuerpo el cañón de un arma […]» (página 40).

CONCLUSIONES
Subyace una perspectiva androcéntrica en el texto de Psicología general, la que se evidencia en:
• expresiones que, detrás del masculino genérico y otras formas, esconden la figura del varón;
• la invisibilidad de la mujer: la palabra mujer sólo aparece dos veces y hombre trescientasuna veces; se la ubica sólo en el ámbito doméstico; se la describe desde un punto de vista relacional; de doce artículos, nueve son de autoría masculina y tres de autoría femenina.
• roles sociales otorgados a hombres y mujeres: el varón en el espacio público detentando el poder, y la mujer como ama de casa y madre en el espacio privado;
• estereotipos femeninos y masculinos: emotividad, incapacidad intelectual y debilidad, entre otros, en las mujeres; y agresividad, inteligencia, valentía, entre otros, en los hombres.

Lo expuesto da cuenta de las manifestaciones sexistas en el libro analizado.

Algunas aclaraciones
La mayoría de los artículos que componen el texto analizado, datan de la primera mitad del siglo XX. Esta observación es pertinente ya que recién en la década del ochenta diferentes acontecimientos propiciaron los estudios de género.

Lo que se pretende es llamar la atención sobre los aspectos tratados, ponerlos al descubierto y que sean del dominio del profesorado y del alumnado.

El lenguaje es el fiel exponente de la cultura de un pueblo y pone en evidencia la ideología y el pensamiento que subyacen en la sociedad; en suma, refleja la realidad del momento.

NOTAS
1 Maricel Chavarría: «El sexismo que llevamos dentro», La Vanguardia, 24 de septiembre de 2005. (Tomado de Eulalia Lledó (comp.): De llengua, diferencia i contex, Instituto Catalán de la Dona, vol. 3.)
2 Fernando Barragán Medero: «El sistema sexo-género y los procesos de discriminación», Universidad de La Laguna, Islas Canarias, 1996, disponible en http://www.hombresigualdad.com/sistema sexo-fbarragan.htm
3 Judith Astelarra: ¿Libres e iguales? Sociedad y política desde el feminismo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, p. 234.
4 Fernando Barragán Medero: ob. cit.
5 Nuria Gregori Torada: «Sexismo lingüístico en la lengua española», Mujeres, La Habana, no. 4, 2001, pp. 66-69.
6 Héctor Islas: Lenguaje y discriminación, Conapred, 2005, p.47.
7 Fernando Barragán Medero: ob. cit.