MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01CA83D7.BB42B980" Este documento es una página Web de un solo archivo, también conocido como archivo de almacenamiento Web. Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento Web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos, como Microsoft Internet Explorer. ------=_NextPart_01CA83D7.BB42B980 Content-Location: file:///C:/DAB81E8F/3-ELNUDOGORDIANODELAINEQUIDADDEGENERO.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
EL NUDO GORDIANO=
=
[1]
DE
Dra.C. Leticia Art=
iles
Visbal
Asociación
Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES)
ACCIONES COMO INDI=
CADOR
DE EFICIENCIA EN LOS SERVICIOS; ASÍ COMO PARTIR DE
THE GORDIAN KNOT IN GENDER INEQUITY—TECHNOLOGIES AND REALITIES=
OF
HEALTH
SCIENCE IS A SYSTEM OF SOCIAL DIFFERENTIATION DEVELOPED WITHIN THE
TRANSFORMATIVE INTERACTION OF THE PERFORMING HUMAN SUBJECT AND NATURE. HEAL=
TH
SYSTEMS ARE ALSO ESTABLISHERS OF SOCIAL DIFFERENTIATION THAT SEGMENT POPULATIONS AND INCREASE THEIR EXP=
OSURE
AND VULNERABILITY. LIKEWISE, GENDER CAN BE VALUED AS A SYSTEM OF SOCIAL
DIFFERENTIATION STRUCTURED UPON HIERARCHICAL POWER RELATIONS DETERMINED BY THE =
LEVEL
OF CONTROL OF RESOURCES OF WOMEN AND MEN. THE PAPER ASSESSES THE INTERSECTI=
ONS
OF THE GORDIAN KNOTS IN ISSUES SUCH AS: THE LACK OF KNOWLEDGE OF THE OTHER =
IN
REFERENCE TO LEARNING, SELF CARE, AND
VIOLENCE AS A PRIVATE PROBLEM, TRAINING OF HEALTH CARE HUMAN RESOURC=
ES,
AND THE MODELS OF TRAINING USED. IT ALSO PROPOSES THE NEED OF A GENDERED
MEDICAL MODEL, INCLUSIVE OF A HEALTH-CENTERED PREVENTIVE APPROACH, AND JOIN=
TLY
FOCUSED ON EQUITY BETWEEN THE SEXES; THE DESIGNING OF ACTIONS BEARING IN MI=
ND
CULTURAL DIVERSITY AND SOCIAL
BEHAVIORS IN A DETERMINED SOCIETY; THE SATISFACTION OF THE
NEEDS OF THE POPULATION TOWARDS WHICH THE ACTIONS ARE GEARED, AS
INDICATIVE OF EFFICIENCY IN SERVICES; AND LIKEWISE, THE NEED TO STEM FROM A
EPIDEMIOLOGY OF DIFFERENCES, TO STUDY HEALTH-DISEASE SITUATIONS. KEY WORDS: GENDER, SCIENCE, HUMAN
RESOURCE TRAINING, HEALTH PREVENTIVE APPROACH
INTRODUCCIÓN
El contexto
socioeconómico constituye el escenario de desarrollo de los seres
humanos.
Cuando las condici=
ones
económicas y sociales están marcadas por desigualdades injust=
as,
se expresan en dipolos de poder (superior/inferior) —ricos/pobres,
blancos/indios-negros, hombres/mujeres, norte/sur, Occidente/Oriente,
público/privado— y condicionan las formas de vivir, pensar,
actuar, trabajar, crear valores, enfermar y morir.
La ciencia es un s=
istema
de diferenciación social, desarrollada en la interacción
transformadora entre el sujeto humano actuante y la naturaleza; es una
construcción social, influenciada por intereses políticos, ec=
onómicos
que determinan los valores de quien o quienes la materializan (Valls Llobet,
2006); como sistema social no puede abstraerse del entorno; y los productos=
del
conocimiento y la innovación emergerán progresivamente en la
medida que se acceda y se controlen equitativamente los diferentes recursos:
económicos, información, conocimiento, educación y tie=
mpo.
Los sistemas de sa=
lud
son igualmente diferenciadores sociales que segmentan poblaciones e increme=
ntan
su exposición y vulnerabilidad (WHO, 2005).
Del mismo modo el
género puede ser analizado como un sistema categorial de
diferenciación social que se estructura sobre relaciones
jerárquicas de poder, determinadas por el nivel de control sobre los
recursos. El género en salud se asume acríticamente vinculado=
sólo
a la mujer, o sustituyendo equívocamente al término
«sexo», lo que es frecuente en informaciones
epidemiológicas, estadísticas y bases de datos probablemente =
por
la falta de operacionalización para su uso práctico y por el
insuficiente conocimiento y disponibilidad de indicadores
género-sensibles, macroindicadores e indicadores domésticos,
sobre todo de estos últimos; consecuentemente está ausente en=
la
captura y análisis de información en los registros continuos de las institu=
ciones
de salud, en los sistemas de vigilancia epidemiológica y en la
explicitación en políticas y programas de salud.
El condicionamiento de género es la base de la
diferenciación del sistema social de género, sustentado en el
proceso biocultural determinado por el conjunto de atributos asignados y
asumidos según el sexo biológico, que conforman una manera
particular de vida y de concepción del mundo o, lo que es lo mismo, =
una
subjetividad diferente para hombres y mujeres. La construcción de una
identidad excluyente de lo masculino y lo femenino a partir de la
apropiación consciente o inconsciente de un universo de valores,
prácticas, lenguajes, símbolos y formas de aprehender el mund=
o,
condiciona la reproducción de la cultura como continuidad.
La complejidad del
condicionamiento de género está dada por su estructuraci&oacu=
te;n
socio-ambiental no lineal, construido sobre una cadena de ambientes que se
entrelazan constituyendo el entramado de la determinación de la vida=
, y
en particular de la salud como objeto de estudio que nos ocupa.
Este conjunto de
ambientes incluye el macroentorno cultural e ideológico en que se
inscriben los sistemas más generales de Derecho y de política=
s en
los que se apuntan las escuelas médicas. Éstas se explicitan =
en
un mesoentorno, geográfico e institucional, en sus prácticas =
(la
organización de los ser-vicios de salud y de los diferentes sectores=
e
instituciones que conforman el espacio de reproducción social o espa=
cio
territorial, espacios de actuación donde se gestan las inequidades; =
la
pobreza, la segregación, la marginalidad y la exclusión; los
conocimientos, las actitudes y prácticas de las personas y de los
profesionales de la salud): todo constituye el sistema que favorece o no las
condiciones en que viven las personas, en su microentorno: familia, pareja,
trabajo, redes sociales y de las personas per
se como sujetos de vida que, formados en esos entornos complejos, tiene=
n un
terreno biológico, una biografía y un conjunto de capitales (=
económico,
cultural, simbólico y social), de los que todos y todas somos
responsables como seres humanos para garantizar un mundo azul que amenaza s=
er eliminado
por los dipolos discriminantes, la inequidad y la ignorancia de los factores
reales y no formales que los originan. Se necesitan valores humanos como cr=
eer
y tener la voluntad de construir, desarrollar y fomentar la justicia social
para ese mundo mejor a que todos y todas aspiramos.
El engarce entre l=
os
sistemas de ciencia, salud y género constituye un nudo gordiano, ign=
orado,
para el que hace falta la espada que lo corte definitivamente.
ENGARCES DEL NUDO.=
IGNORANCIA DE LOS OTROS SABERES O =
EL
CONOCIMIENTO EXPROPIADO
Un dipolo de inequ=
idad
se estructura sobre el desconocimiento o subvaloración de la diversi=
dad
de sistemas de conocimientos o culturas. Se obvia la visión
holística de la salud humana por el conocimiento farmacológic=
o de
sustancias vegetales y animales, por las prácticas curativas que
integran la experiencia psicológica, la cosmovisión y lo
biofísico a través del uso de alucinógenos (Bant Haver,
2001).
La inequidad se ex=
presa
en el rechazo e insuficientes avances al profundizar e integrar los sistema=
s de
conocimientos, absorbiendo culturas en desmedro de prácticas propias.
Ejemplo de lo anterior es que hoy día nadie se ha preocupado de la
protección de los derechos intelectuales del conocimiento
farmacológico indígena, lo que favorece su expropiación
por las industrias farmacéuticas y biomédicas (ibíd.).=
El insuficiente
conocimiento de la diversidad y la consideración de la validaci&oacu=
te;n
solamente de los sistemas en un posible «reconocimiento formal de
iguales», que no se produce, responden a un sistema excluyente que no
reconoce que la experiencia social de todo el mundo es más amplia y
variada que lo que la filosofía y la ciencia occidentales reconocen,=
y
que esa riqueza es desperdiciada, por lo cual se requiere dar un salto,
proponer un modelo diferente de racionalidad (incluyente) que reconozca que
cualquier totalidad está hecha de heterogeneidad y que las partes qu=
e la
componen tienen vida propia fuera de ella; un sistema que piense en
términos de las dicotomías fuera de las articulaciones y
relaciones de poder que las unen, como primer paso para liberarlas de dichas
relaciones y para revelar otras relaciones alternativas que han estado
ofuscadas por las dicotomías hegemónicas (Sousa, 2005). Es de=
cir,
pensar el sur como si no hubiese norte; pensar en la mujer como si no hubie=
se
el hombre; pensar en el esclavo como si no hubiese señor, porque esas
dicotomías obligadas cerraron la totalidad de los fragmentos dispers=
os
que no han sido incluidos. Luego hay que proceder a utilizar la
sociología de las ausencias para demostrar que lo que no existe es, =
en
verdad, activamente producido como no existente, esto es, como una alternat=
iva
no creíble a lo que existe, pues se trata de trasformar las ausencia=
s en
presencias centrándose en los fragmentos de la experiencia social no
socializados (ibíd.)
El dipolo «s=
aberes
occidentales/orientales-indígenas»,
«biotecnológicos/sanación», los roles
específicos
«médico/shaman» y «verticalidad/horizontalidad&raq=
uo;
en la atención en salud,
constituyen engarces muy difíciles de desatar si no se asume =
una
nueva posición para su comprensión, producción de
conocimientos y alternativas para la toma de decisiones.
Dentro de la recon=
ocida ciencia
occidental, de validación estadística, de ensayos clín=
icos
controlados (de gran valor para la acumulación de evidencias y
constatación y validación de técnicas y medicamentos),=
se
producen sesgos por exclusión inequitativa de dipolos establecidos y=
de
sus fragmentos ignorados.
En el caso de los
sistemas de género se ha podido constatar el desarrollo de
investigaciones
científicas,
específicamente ensayos clínicos realizados sólo entre
hombres al suponer que los resultados pueden extrapolarse directamente a las
mujeres, sustentado en la creencia inclusiva que la esperanza de vida de las
mujeres es mayor que la de los hombres debido a una protección natur=
al,
aunque ha sido demostrado que la carga de morbilidad y discapacidad en la
sobrevida es muy alta, lo que se puede traducir en que «las mujeres no
viven más, sino que se mueren más tarde». Estudios de
seguimiento como el Framingham Heart Study, por citar un ejemplo, desarroll=
ado
durante más de un cuarto de siglo, han demostrado que los factores d=
e riesgo
respecto a la muerte súbita son diferentes para las mujeres y los
hombres (Valls Llobet, 2006a). Y es que mujeres y hombres no son iguales:
existen diferencias entre las características fenotípicas
femeninas y masculinas que condicionan diferencias en la respuesta
biológica a las variaciones del entorno. Las mujeres presentan menor masa
muscular promedio, menores re=
cursos
hemodinámicos, menor volumen cardíaco y de concentració=
;n
de hemoglobina por litro de sangre, mayor proporción de grasa respec=
to
al músculo y mayor capacidad de regulación neuroendocrina, lo=
que
les confiere ventajas para el control de la agresividad y para la
disponibilidad de reservas en períodos de estrés. La
configuración neuroendocrina, junto a las demandas de su aparato
reproductor, condicionan la sobrecarga premenstrual, las disfunciones menstruales y la labi=
lidad
cardiovascular y psicoendocrina (Breilh, 1996: 91; Valls Llobet, Borras y
Fuentes, 1999: 3). Por tanto, no somos iguales, somos diferentes.
En investigaciones=
que
utilizan el análisis multivariante, el sexo se ha incluido como
variable, pero a veces sirve más como variable confusora que como una
variable predictiva o pronóstica. Sus efectos son controlados en res=
ultados
estadísticos y posteriormente ignorados; encuestas y cuestionarios
olvidan preguntas relativas a las condiciones de vida y a diferencias en so=
brecarga
de trabajo y doble jornada; una pregunta tan simple como el número de
personas que viven en el mismo hogar, podría ayudarnos a obtener una
visión más realista (Rohlfs et al., 1997).
Los efectos que so=
bre la
salud tienen los factores relacionados con las sobrecargas de género=
para
las mujeres, no han sido todavía plenamente investigados: la inequid=
ad
en el control sobre los recursos, la multiplicidad de roles, la sobrecarga =
desigual
en la atención a la familia y el trabajo doméstico y la doble
jornada. Se ha demostrado en algunos estudios que a) el género es un
factor de riesgo que en determinadas condiciones puede ser causa o contribu=
yente
al incremento en la percepción de síntomas; b) el
desempeño de los roles de género se asocia con valores que
incrementan en dos veces la percepción de síntomas
climatéricos; y c) las mujeres no siempre están conscientes d=
el
efecto del condicionamiento de género sobre su salud, por lo que
atribuyen la causa a la biología (la menopausia) y nunca a la
estructuración inequitativa social, lo cual influye en que las misma=
s no
encuentren opciones para eliminar o atenuar los efectos del climaterio
atribuidos exclusivamente a lo orgánico. Por tal razón las
«soluciones» disponibles se basan en el empleo de fármac=
os,
esencialmente psicofármacos (psiquiatrización del climaterio)=
, o
en el tratamiento hormonal, lo cual supone la insuficiente inclusión=
del
componente social y cultural y, en particular, de género en la
etiología de la disfunción (Artiles Visbal, Navarro Despaigne=
y
Manzano Ovies, 2007). En este punto tampoco se puede obviar que las conduct=
as
de los hombres ante determinados
comportamientos de prevención y cuidado para la salud son
restrictivas a partir de la construcción masculina de
desvalorización de la atención a la salud como signo de
debilidad. Estudios realizados por Tájer (2000) han puesto en eviden=
cia
que «la identidad de género masculina tradicional expone
más a los sujetos varones que a las mujeres al riesgo».
Otros temas, como =
la
focalización de la investigación médica en las
áreas relacionadas con la salud reproductiva y la planificació=
;n
familiar, han dejado en un segundo lugar otras etapas determinantes del cic=
lo
de vida: la menopausia, los comportamientos masculinos en la etapa reproduc=
tiva
en el ejercicio de un compromiso y una paternidad responsable, el tab&uacut=
e;
de la menstruación y las falacias que asignan síntomas
biológicos a los comportamientos sociales, como la
«disminución de la libido» asignada a la etapa del
climaterio cuando en más del 70 % tiene una concordancia con las
relaciones sociales de género en que se involucra la pareja (Artiles
Visbal, 2005).
Ante estas evidenc=
ias es
necesario considerar que en la totalidad no se puede obviar la diversidad;
desde las ciencias de la salud, en la investigación y en la
práctica médica los hombres no son iguales a las mujeres; por
tanto, hay que rescatar la producción de conocimientos y su tratamie=
nto
para que los sistemas de salud sean realmente equitativos.
EL AUTOCUIDADO COMO
ETERNO AUSENTE
Este reconocimient=
o de
lo no igual, y en particular las diferencias de la significación y
práctica de la mujer como mitad de las poblaciones, culturalmente
socializadas para un «ser de otros», responde a una razón
consuetudinaria («Siempre fue así») y se traduce
consecuentemente en la normativa de programas y políticas de salud. =
El
gran ausente en lo regulado y en la vida cotidiana es el autocuidado como f=
orma
protagónica de la prevención en salud, lo cual constituye un
importante componente de la inequidad en salud, relacionado directamente
con el empoderamiento de las
mujeres.
En este sentido es
necesario valorar diversas formas de educación que propendan al
fortalecimiento de las capacidades de las mujeres y apuesten por procesos
de mpoderamiento desde el
autocuidado. El empoderamiento en la salud de las mujeres, desde
investigaciones e intervenciones de autocuidado, posee importancia, ya que:=
· =
trae
consigo un proceso de autonomía (actitud interna de fuerza) para asu=
mir
medidas que propendan hacia la salud, sin estar sujetas o dependientes de la
atención impartida desde un exterior;
· =
eleva
el poder «desde adentro» como instancia que surge del mismo ser=
;
· =
potencia
el desarrollo de sentimientos como la autoestima y la confianza en sí
mismas, para que las mujeres =
puedan
intervenir asertivamente;
· =
se
trata de un proceso que incrementa las capacidades para asumir los asuntos =
que
tienen que ver con la vida personal y muy significativamente con la sexuali=
dad
(uno de los terrenos de dominación corporal y psicológica
más difíciles de confrontar por las mujeres);
· =
como
proceso, también enfrenta condiciones de sincretismo de género
que se viven en las diversas esferas de socialización, convivencia y
cotidianidad de las mujeres; por tanto, revertir la cultura de postergarse y
ser reconocidas desde el «ser para otros», predominante en las
mujeres, por un «ser para sí», en el que se visibilicen y
prioricen asuntos que tienen que ver con su vida;
· =
para
sí que fortalece la capacidad para decidir en todo lo que compete con
los mundos de la corporalidad, la emocionalidad y la espiritualidad, as&iac=
ute;
como lo concerniente a su salud integral, sus afectos y sus opciones ante la
sexualidad;
· =
reforzar
procesos democráticos, comunitarios y de solidaridad, así como
la conformación de gru=
pos de
apoyo entre las mujeres, fortalecen fuerzas colectivas en la defensa de sus
derechos e inciden en los determinantes sociales y en los postulados políticos de la promoci&oac=
ute;n
de la salud (Arango Panesso, 2007).
IGNORANCIA DE
Un enorme vac&iacu=
te;o
en la producción de conocimientos alrededor de la salud de las mujer=
es,
provocada por esa uniformidad de los patrones hegemónicos de lo masc=
ulino
y de lo heterosexual como par=
adigma
cultural establecido, aceptado y asumido, normado y vivenciado en la cotidianidad, se =
ubica
en los temas referidos al lesbianismo en todos los órdenes y, en
especial, el que se refiere a la salud de las mujeres lesbianas, lo que
constituye otra parte de la inequidad en salud (Alfonso Rodríguez,
2002).
Estamos convencida=
s de
que existe:
· =
falta
de sensibilidad por estos temas en la formación académica y e=
n la
investigación científica, con una visión que no alcanz=
a a
colocar la salud como resultado de la capacidad de solución a las
necesidades diferentes de determinados sujetos de salud;
· =
la
necesidad de considerar a dichos sujetos como sujetos sexuados capaces de
elegir libremente con quién o quiénes desean vivir su sexuali=
dad
y compartir su experiencia erótica;
· =
la
necesidad de entender la salud como derecho humano de las personas; por tan=
to,
el disfrute de la sexualidad y el respeto por la orientación sexual
requieren visualizarse en su interrelación con la salud y con el der=
echo
de las mismas a la salud;
· =
carencia
de sensibilidad ante el derecho de las mujeres lesbianas a una atenci&oacut=
e;n
médica de calidad, que sólo puede comenzar a lograrse en la
medida en que seamos capaces de mover los resortes de prácticas
afincadas en evidencias que no consideran la diversidad sexual ni los riesg=
os
de una elección sexual diferente al sexo oficial.
PROBLEMA PRIVADO<=
o:p>
La falta de recono=
cimiento
explícito de la violencia, y en particular la violencia basada en el=
género,
es un problema de salud, y no un problema privado. Por tanto, todas las
instituciones jurídicas, policiales, educativas, de salud y las
vinculadas directa o indirectamente a esta triste epidemia universal deben =
dar
respuesta real (y no formal) definitiva con acciones efectivas. La insufici=
ente
producción de conocimientos en este ámbito y, lo que es peor,=
lo
poco incluido en las prácticas y políticas no sólo de =
los
organismos de salud, sino de los vinculados a la toma de decisiones, con el=
fin
de dar respuesta a tan infausto problema, constituyen parte de la inequidad=
en
el derecho a la salud, básicamente de las mujeres, y parte de las
violaciones a los derechos humanos y las desigualdades que conducen a las
inequidades sanitarias que fr=
agilizan
y afectan las situaciones de salud y de vida que son completamente evitable=
s e
injustas.
Los impactos de la
globalización constituyen una malla que enreda los engarces del nudo
entre los sistemas de ciencia, salud y género, en tanto que la
producción de conocimiento en esta dirección es práctica=
mente
inexistente.
Los efectos de la
globalización como fenómeno ligado al estímulo de un
consumismo ilimitado conduce a crear necesidades desbordadas en las mujeres,
que afecta su salud mental. El consumismo se está legitimando como u=
na
cultura de poder, en la cual la posesión de mercancías se con=
vierte
en un satisfactor fundamental (Arango Panesso, 2007).
La insuficiente
producción de resultados de investigaciones y de publicaciones
científicas que develen cómo la imagen del cuerpo femenino de=
sde una
estética publicitaria y light, promovida por los medios de
comunicación, ha conducido a afectar la salud de las mujeres, quiene=
s,
por medio de dietas no saludables, cirugías estéticas y/o
conductas anoréxicas o bulímicas, arriesgan severamente su sa=
lud.
En las escuelas de
medicina occidentales predomina un modelo de formación médico
hegemónico, que se caracteriza por los siguientes atributos:
· =
predominio
de la concepción médica como ciencia biológica
· =
enfoque
curativo
· =
medicalización
de los procesos
· =
paciente
como «objeto»
· =
práctica
médica tecnologizada
· =
relación
vertical de poder,
en contraposici&oa=
cute;n
con un modelo médico social, en el cual predomina:
· =
la
concepción de la medicina como arte que se integra a la biolog&iacut=
e;a
· =
la
población como objeto de atención
· =
trato
al paciente como “individuo-persona”
· =
humanizar
y desmedicalizar los procesos
· =
hacer
horizontal la relación profesional de la salud-paciente (Artiles Vis=
bal,
2004).
Estas formas preva=
lentes
de formación se expresan en los sistemas de prestación
institucional mayoritariamente:
[...] la salud,
aún se rige por reglas abstractas que desconocen las diferencias
individuales y contextuales y prescinden de factores sociales, culturales y
situaciones específicos de las poblaciones involucradas. La salud pa=
rece
ser vista desde la perspectiva de cómo funciona el cuerpo o la mente=
y
no desde la perspectiva de cómo funciona la sociedad [Gonzále=
z y
Sánchez, 2000].
De esta manera,
según la historia de las últimas décadas, se ha demost=
rado
que la introducción de=
la
perspectiva de género como elemento socializador en la formaci&oacut=
e;n
de recursos humanos y en los productos básicos de los sistemas acad&=
eacute;micos,
que incluyen la docencia, la extensión universitaria y la
investigación, ha sido escasa. En una investigación presentada
por
· =
La
inclusión de la perspectiva de género en el ámbito de =
la
salud en las últimas décadas en América Latina, ha
correspondido a un proceso no sistemático de investigadores,
principalmente mujeres, que pertenecen predominantemente a organizaciones
no gubernamentales y, en menor
medida, a programas y centros universitarios.
· =
No
ha existido una estrategia que oriente a una investigación en salud =
para
el desarrollo con enfoque de género, que conduzca a una agenda de
investigaciones que incorpore el enfoque de género y en la que no
existan criterios para la asignación de recursos.
· =
Resistencia
a otorgar estatuto científico a los estudios de género,
considerándolos de baja
calidad y poco rigormetodológico, a partir del posicionamient=
o de
las llamadas «ciencias duras en la salud».
· =
En
el ámbito específico de la investigación en salud, los
Estados tienden a visualizar la existencia de inequidades en relación
con dimensiones de etnia, estratificación socioeconómica (o de
clase), de región, incluso de edad, mientras las inequidades de
género tienden a permanecer ocultas.
· =
La
investigación en salud con perspectiva de género se realiza
principalmente en las ciencias sociales con bajos niveles de interdisciplin=
aridad
con las ciencias biomédicas y con bajos niveles de interlocuci&oacut=
e;n
o diálogo con los investigadores de las ciencias médicas.
· =
Las
investigaciones epidemiológicas no incorporan el enfoque de
género a pesar de lo enriquecedor de considerarlo en los perfiles
epidemiológicos.
· =
Los
resultados de las investigaciones quedan limitados a los espacios
académicos con bajo impacto en las políticas públicas.=
· =
Inexistencia
de agendas, por parte de los Estados, de estrategias para promover la
investigación con esta perspectiva.
· =
Insuficiente
disponibilidad de financiamiento de programas o líneas de
investigación en salud, lo que hace muy fragmentaria la
investigación en este campo particular y dificulta la realizaci&oacu=
te;n
de estudios (González y Sánchez, 2000).
Se pueden añ=
;adir,
además de estos resultados, elementos que convergen de la
práctica, como:
· =
asumir
acríticamente la categoría género y restringirla a
«estudios de la mujer»;
· =
centralizar
los estudios en la etapa reproductiva, quedando otras etapas del ciclo de v=
ida,
como el que incluye a las mujeres de edad mediana como un segmento desprote=
gido
por las estadísticas y por los programas de salud;
· =
considerar
que la perspectiva de género puede incorporarse a la
investigación, pero no a los sistemas de atención clín=
ica.
En resumen, falta =
mucho
por andar para poder formar el capital humano de los recursos humanos que incorpore en sus accio=
nes,
estrategias y políticas un modelo médico generizado. Resulta
necesario que:
· =
las
acciones preventivas y educativas se diseñen, planifiquen, ejecuten y
evalúen sobre la plataforma de los patrones culturales y comportamie=
ntos
sociales para los sexos en una sociedad determinada;
· =
el
objeto de estudio lo constituya la población según el sexo;
· =
el
método de estudio sea la epidemiología de las diferencias;
· =
la
formación incluya una visión humanística en la que
predomine la concepción de la medicina como arte, y se integren las
condiciones subjetivas que afectan diferencialmente a las mujeres y a los
hombres;
· =
se
promueva el predominio del enfoque preventivo centrado en la salud y el
bienestar sustentado en la equidad entre los sexos;
· =
se
considere al individuo-persona «generizado»;
· =
en
la integración de lo biológico y social, se incorpore el
condicionamiento y la perspectiva de género;
· =
se
naturalicen los procesos desde el reconocimiento de las diferencias;
· =
se
humanice la prácticamédica en una dimensión
holística;
· =
se
involucre en el acto diagnóstico, la orientación y toma de
decisiones al paciente según sexo y género;
· =
se
mida la eficiencia del servicio en función de la satisfacción=
de
las necesidades de la población según el sexo.
Es necesario trazar
estrategias que permitan incorporar la perspectiva de género en la f=
ormación
académica de pregrado y postgrado, en la investigación
científica y en la extensión universitaria, a partir de la
capacitación de los sectores sociales desde los ámbitos
académicos, como vía de una mayor integración
universidad-sociedad.
Considerar e
instrumentar la perspectiva de género como una herramienta de
análisis y de instrumentación en las políticas
públicas en salud, constituye un desafío para la lucha por la
salud como derecho ciudadano y bien público. Resulta un deber la
instalación perentoria de capacidades para su instrumentación=
en
los diferentes ámbitos de la salud con el fin de que se convierta en=
la espada necesaria para cortar el nudo
gordiano de la inequidad de género en salud.
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NOTAS
[1] En Gordión (actual Anatolia)
había un yugo con una cuerda ceñida por un nudo complicado.
Según narra la leyenda, un campesino llamado Gordias (de ahí =
el
nombre de Gordiano) llevaba sus bueyes atados al yugo con unas cuerdas anud=
adas
de modo imposible de desatar. Este hombre, al llegar al poblado, cumpli&oac=
ute;
un augurio que promulgaba el hecho de que el futuro rey de Frigia
vendría por