INTRODUCCIÓN AL TEMA DE LA TRANSEXUALIDAD

 

Prof. Louis Gooren

Departamento de Endocrinología, Centro Médico Universitario, VRIJE, Amsterdam, Países Bajos

ljg.gooren@vumc.nl

 

LOS TRANSEXUALES RENUNCIAN A LA INTEGRIDAD DE LOS GENITALES CON QUE NACIERON; TRANSGREDEN LAS «FRONTERAS NATURALES» ENTRE LOS SEXOS; SON UNA BURLA A UN HECHO ETERNAMENTE DETERMINADO: LA EXISTENCIA DE DOS SEXOS; EXPRESAN QUE EL CUERPO CON QUE NACIERON SÓLO RESULTA UN ENCIERRO Y QUE SU SEXO ES «EL EQUIVOCADO».

 

Entrar en contacto con los transexuales no deja de sorprendernos. Nos llena de consternación y quizás de un poco de disgusto. ¿Por qué ocurre esto? Una persona con un cuerpo masculino anatómicamente normal afirma que es mujer, una mujer atrapada en un cuerpo de hombre; o una mujer en nada diferente a las otras, nos dice que odia las características femeninas de su cuerpo y que no descansará hasta el día en que lo transforme en uno del sexo masculino por medio de hormonas y cirugía. Los transexuales transmiten sentimientos y emociones totalmente ajenos a los nuestros, en ocasiones alarmantes, relacionados con la renuncia a la integridad de los genitales con que nacieron. Los transexuales transgreden las «fronteras naturales» entre los sexos. Son una burla a lo que parece ser un hecho eternamente determinado: la existencia de dos sexos. En los momentos de sufrimiento, como la pérdida del padre o de la madre, la pareja o un hijo, somos capaces de compartir el sentir de los demás. Sabemos el significado del dolor para esas personas y tratamos de consolarlas. Éste no es el caso de estos seres humanos que nos comunican que sus cuerpos niegan su identidad real, que el cuerpo con que nacieron no es más que un encierro. Como dijera un transexual: «Sentía que mi cuerpo era una prisión. No había ventanas. No podía encontrar la llave; no podía salir; no podía respirar.»

Ser mujer u hombre son categorías naturales para nosotros. Todos siempre contamos con estos dos polos opuestos; tenemos a nuestra madre y a nuestro padre, tenemos a nuestro esposo y esposa; a nuestros hijos e hijas. El significado de la división de la humanidad en dos sexos va más allá de lo erótico y de la sexualidad. Podremos olvidar los detalles sobre quien nos sirvió en una tienda o una oficina, pero siempre seremos capaces de reconocer si fue un hombre o una mujer. Todos recordamos la molesta situación en la que no podemos reconocer de inmediato el sexo de la persona con la que estamos tratando, no porque estemos interesados eróticamente en esa persona, sino porque nos hace sentir incómodos, incluso incapaces de relacionarnos con ella. Conocer si una persona es mujer u hombre, es aparentemente fundamental en las relaciones humanas.

Lo anterior puede ser una reflexión sobre nuestras respuestas inmediatas, pero puede ser aun un problema cuando lo enfocamos desde el estudio de la transexualidad. Si tratamos de darle sentido a la existencia de dos sexos, sus roles totalmente distintivos vienen de inmediato a nuestras mentes y nos llevan a pensar que la mujer y el hombre son seres biológicos totalmente diferentes,en polos diferentes, sin superponerse. Éste parece ser el orden natural y, para algunos, el orden divino: «Él entonces creó al hombre y la mujer», como puede leerse en el Génesis. Creemos que las categorías de hombre y mujer son tan fundamentales en la vida en la Tierra que la naturaleza procura, con cierta garantía, que sean seguras. Estas categorías resultan tan vitales que no pueden dejarse a la casualidad, pues nuestra existencia como seres humanos se construye a partir de éstas. Experimentamos nuestra feminidad y masculinidad como categorías naturales que no podemos trascender. Estamos satisfechos o no de ser hombre o mujer; resulta así de sencillo.

Los transexuales expresan un deseo que va en contra de nuestras más básicas ideas acerca de la existencia humana: forzar su existencia como

mujer u hombre.

La mayoría de los transexuales recuerdan que su problema de identidad comenzó temprano en sus vidas. Sin embargo, no resulta evidente para muchos de ellos la percepción de verse a sí mismos como miembros del otro sexo. Tienen sentimientos de angustia al ser totalmente diferentes a los individuos del mismo sexo. Prefieren jugar los juegos del otro sexo. Comienzan a vestirse con ropas del otro sexo desde edades tempranas, no por diversión sino como expresión del sentido de pertenecer al sexo que no les corresponde. Lo hacen en gran secreto: se sienten culpables y avergonzados. Su juventud se ve afectada por la enajenación y la soledad. Con el tiempo terminan descubriendo que no pertenecen a su sexo y que serían más felices si pertenecieran al otro.

Con el advenimiento de la pubertad sus problemas empeoran. Durante esta etapa las hormonas producen cambios en sus cuerpos que no desean; manifiestan el sexo al que no pertenecen. La expresión de la madurez sexual (menstruaciones en las muchachas y las eyaculaciones y erecciones en los muchachos) son experiencias horrorosas que se suman a su desesperanza. Con una mezcla de ansiedad y gozo las y los adolescentes comparten la sensación de pasar por la pubertad con el despertar de las sensaciones eróticas. Los transexuales jóvenes no sienten lo mismo, porque todo lo que les sucede es erróneo. Sufren de trastornos en su aprendizaje por su descontento y el alejamiento de sus grupos etarios.

No son capaces de relacionarse eróticamente con las personas por las que se sienten atraídas; el «cuerpo equivocado» se lo impide, un cuerpo que será malinterpretado por los demás. A medida que envejecen buscan formas de enfrentarse a su disforia. Casi todos se niegan a sí mismos su condición durante ciertos periodos; algunos se inclinan por la hipermasculinidad, convirtiéndose en marineros o pilotos. Otros se casan para probarse a sí mismos que era sólo una pesadilla. Todo fracasará con el paso del tiempo.

Algunos vivirán sus vidas en aislamiento, incapaces de tener una abierta y franca relación con el mundo que los rodea. Otros se suicidarán al quedar sin esperanzas. Algunos explorarán el mundo y se darán cuenta que no están solos. En los márgenes de la sociedad estas personas hallarán intereses de acuerdo con sus peculiaridades. Se convierten en animadores de espectáculos o comienzan a laborar como trabajadores sexuales. Existe un mercado para sus estados físicos intermedios. Naturalmente,lidiar con el mercado no les aporta nada positivo a sus autoestimas. Interiorizan la manera en que se les trata: sentimientos de rechazo, envilecimiento y rencor con el mundo circundante. Las personas en esta situación son la parte más visible de los transexuales. Para aquellos que no manejan profesionalmente la transexualidad, se trata del segmento de la población de transexuales que edifican la imagen de éstos: un grupo de raros, con mala reputación y de explotadores que capitalizan el sexo maldito; es decir, pecadores.

En los últimos veinte a treinta años, la transexualidad se ha convertido en un término médico. Es fuente de intenso sufrimiento y merece nuestra compasión y profesionalidad médica al brindar una vida mejor a quien, más allá de su voluntad y responsabilidad, experimente que su sexo es el «equivocado».

 

Tomado de ANIR (Official Journal of the Hellenic Society of Andrology), vol. 6, no. 4, 2004, pp. 164-165. El artículo en cuestión es el primero de una monografía sobre transexualidad publicada en esa revista y que el doctor Gooren cedió amablemente para su publicación en Sexología y

Sociedad.

 

Traducción del inglés del doctor Alberto Roque Guerra.