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La homofobia: su percepción analítico-humanista
Por: Dr. Jesús Dueñas Becerra / Psicólogo, crítico y periodista
“No a la exclusión; sí a la diversidad”
Aforismo bioético.
Al Día Mundial de Lucha contra la Homofobia, que en nuestra geografía insular, y a partir de este año, tiene lugar el 16 de mayo, dedico esta crónica como mi humilde colaboración al conocimiento científico de las causas inconscientes del por qué una parte de la población heterosexual rechaza, excluye, aparta o acorrala al “otro” diferente desde el punto de vista de su orientación sexual.
No es posible, en modo alguno, explicar qué es la homofobia sin antes conceptuar los vocablos homosexualidad y fobia: la literatura especializada define la homosexualidad como la preferencia o atracción sexual por personas del mismo sexo, mientras que la fobia la describe como miedo intenso y persistente hacia un objeto, situación o actividad específica.
La homofobia, como motivación superficial de la conducta del sujeto, es el miedo a la homosexualidad, pero desde lo más hondo de la subjetividad humana no es otra cosa que el miedo a los impulsos homoeróticos que emergen del componente instintivo del inconsciente freudiano. 1
La homofobia se manifiesta a través de actitudes intolerantes hacia aquellos individuos con conducta homosexual; actitudes que van desde el desprecio hasta la agresión física o verbal y son expresión de un mecanismo inconsciente que Sigmund Freud, 2 el Padre del Psicoanálisis, denominó proyección (atribuir a personas, situaciones o cosas sentimientos hostiles que embargan al sujeto).
Para la persona con homofobia, el sujeto con orientación sexual homoerótica es un “apestado” o “enfermo incurable”, cuya proximidad puede “contagiar al sano”, y cuando por una u otra razón las circunstancias le exigen interactuar con ese otro “diferente” no sólo se descompensa psicológicamente, sino también se le bloquea su inteligencia emocional, 3, 4 entendida como el difícil arte de poner nuestros sentimientos y emociones en función de optimizar la relación con el prójimo. 5, 6
Un porcentaje nada despreciable de las personas con homofobia presentan un conflicto intrapsíquico, que se revela por medio de una lucha entre el ello (inconsciente) y el yo(conciencia) o bien entre el yo y el superyo(censor ético-moral que regula el comportamiento psicosocial del sujeto). 7
Con otras palabras, son personas que reprimen esa variante del comportamiento sexual humano; tendencia que se agazapa en el componente instintivo del inconsciente freudiano, 8 y en respuesta a la represión 9 que padecen se expresa a través de actos fallidos o sueños eróticos con sujetos del mismo sexo. 10
O son individuos, que luego de una “batalla campal” que los desgasta física, psíquica y espiritualmente han interiorizado su homosexualidad, pero por presiones socio-familiares o de otra índole se resisten a incorporar esa orientación homoerótica a su comportamiento sexual, y por extensión, a su personalidad; resistencia que lleva al sujeto a un nuevo enfrentamiento consigo mismo, desencadenante de un conflicto psicológico de nivel neurótico. 11
No obstante, hay individuos que si bien no presentan esos conflictos inconscientes no pueden desembarazarse de la homofobia, porque sospechan o han descubierto la homosexualidad en sus hijos, padres, hermanos…, y para “cubrir” las supuestas faltas de sus seres queridos se dedican a perseguir, estigmatizar o destruir psicológica, social, moral y espiritualmente a las personas que en su relación íntima prefieren al otro de su mismo sexo.
No creo necesario insistir sobre el particular, porque “hay verdades tan evidentes, que tratar de demostrarlas es un insulto a la razón”. 12
Por último, quisiera destacar la actitud inteligente que asume una persona sana de cuerpo, mente y espíritu hacia los hombres y mujeres con conducta homosexual.
El individuo libre de homofobia percibe al otro “diferente” como al prójimo, que vale no por su orientación sexual, sino por lo que es: un ser inacabado e inacabable, imperfecto pero perfectible, que integra en una unidad viviente todas y cada una de sus dimensiones biopsicosocioculturales y espirituales…, que lo convierten en una persona que merece amor y respeto a su inviolable dignidad humana.
Una vez que el homo sapiens interiorice e incorpore a su estilo de afrontamiento esa actitud ético-humanista no cabe duda alguna de que estaremos viviendo en ese mundo mejor… que SÍ es posible.
En consecuencia, desaparecerá del calendario ese día dedicado -a escala internacional- a luchar contra la discriminación sexual… por el solo hecho de ser “diferente”, y entonces -y sólo entonces- se hará realidad tangible el aforismo bioético que ilustra esta crónica: NO A LA EXCLUSIÓN; SÍ A LA DIVERSIDAD.
NOTAS:
- Mannoni, Octavio. Freud. El descubrimiento del inconsciente. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1984.
- Freud, Sigmund. Obras completas. Barcelona: Editorial Biblioteca Nueva, 1948, 3 Vols.
- Goleman, D. Inteligencia emocional. Barcelona: Editorial Kairós, 1996.
- Dueñas, J. “Inteligencia, inteligencia emocional y espiritualidad”. Revista Cubana de Psicología. 2003; Supl. 1: pp. 54-56.
- Goleman. Ob. Cit.
- Dueñas Becerra. Ob. Cit.
- Freud, S. “El ‘yo’ y el ‘ello’. Ob. Cit.: pp. 1213-1229, Vol. I.
- Mannoni. Ob. Cit.
- Freud, S. “Metapsicología”, Ob. Cit.: pp. 1057-1062.
- Freud, S. “Psicopatología de la vida cotidiana”. Ob. Cit.: pp. 751-754.
- Freud, S. “Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de las neurosis”. Ob. Cit.: pp. 1030-1035.
- Citado por Rolando Pérez Betancourt. “Marlon Brando en pos del tiempo”. Granma. 2004; 40 (159): p. 6 (culturales)
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