Querida Mariela
Escribimos para enviarte un abrazo inmenso, portador de un
cariño tan grande que esperamos alcance para confortar tu
corazón dolido y te rodee de un extenso afecto.
Vilma siempre estará entre nosotras: guardamos en nuestros
corazones su sensibilidad e inteligencia, su compromiso con la
Revolución y los cambios, su audacia y visión de humanidad.
Vilma es un símbolo de la lucha de las mujeres por sus
derechos, siempre lo fue y seguirá siéndolo. El emblema de la
Vilma guerrillera en la Sierra Maestra; el de la Vilma
emancipada impulsando la justicia para las mujeres desde la
Federación y desde el Consejo de Estado; el de la Vilma de
brazos abiertos a la causa de todos los pueblos, inspirará a
generaciones de latinoamericanas.
Pocos días antes de su muerte, la noticia del inminente
reconocimiento legislativo del cambio de identidad de género y
de las uniones homosexuales en Cuba, recorrió el mundo. Y
pensamos en ti, en tus causas, las de la revolución en la
Revolución; las de una humanidad liberada, digna en todas las
esferas.
Esperamos con ansia poder devorar el libro que estabas
escribiendo sobre Vilma, y de seguir al paso las páginas que
tu seguirás escribiendo con tu vida y tus ideas, aquí y ahora.
Te queremos,
IRENE LEÓN, MAGDALENA LEÓN y PHUMI MTETWA
Querida Mariela:
Hoy es un día triste, compañera. Un día que hay que dejarse llorar porque el dolor está preñado de lágrimas. Siente nuestro llanto compartido con lágrimas que alborotan lo más profundo de nuestra alma y te acompañan. No ahorres lágrimas. Pero este llanto está lleno de fecundidad; perdimos hoy a Vilma pero seguimos encontrando caminos de compromiso que nos marcó con su vida, con su generosidad, con su amor.Me siento y nos sentimos conmovidos por ti como hija; por vuestro pueblo, todo hijo; también por lo generacional que nos enfrenta a redoblar los compromisos de un nuevo desafío.
Queremos expresar nuestra despedida a Vilma agradeciéndole que haya sido una tan linda mujer revolucionaria, ejemplo, guía y referencia de tanto quehacer; queremos despedir a Vilma agradeciendo el amor y la generosidad con que acunó nuestros sueños para hacer realidad nuestro aporte como un pedacito de revolución. Mariela, te abrazamos a ti y a tu esposo, a tu querido padre, hermanos, a tus hijos y sobrinos. Sabes que estamos.
MIRTHA CUCCO y compañeros
de trabajo y lucha
Centro de Desarrollo de Salud
Comunitario Marie Langer de España.
Centro de Desarrollo de Salud
Comunitaria YVY Marané de Argentina.
LA ETERNA FLOR DE LIS
Un homenaje para tu
ausencia,
lo llenas todo con tu presencia.
PABLO MILANÉS
Dice que ya no estás, yo
no lo creo.
Por ser mujer, negra, y por proceder de una familia humilde
tengo mucho que agradecer a la Revolución
y tengo mucho que agradecerte a ti; digo más, todas las
cubanas tenemos mucho que agradecerte, pero
voy a hablar por mí, intentando que la emoción no aniquile mi
coherencia.
Un día pregunté en mi casa: ¿Por qué me llamó Vilma? Mi mamá
me respondió que ella y una tía mía
habían hecho un pacto de niñas, que cada una de ellas le
pondría el nombre al primer hijo que tuviera
la otra. Nació primero mi prima y dos años después yo y me
pusieron Vilma. Supe que mi tía había escogido
el nombre por ti y porque mi papá, combatiente clandestino; mi
mamá, colaboradora; y mi tío
—que sería mi padrino—, combatiente del Ejército Rebelde,
estarían felices; y así fue. En la medida en
que crecía y conocía tu historia —algo difícil por tu
modestia—, se convirtió en uno de mis retos hacerle
honor al nombre que llevaba, y aún sigo intentándolo.
No puedo hablar en pasado, está ahí.
Prefiero recordarte:
• como la joven que, sin mucha conciencia aún, decidió, como
Martí, compartir su suerte con los pobres;
• la impaciente estudiante universitaria que, después del
golpe del 10 de marzo del 52, quería alzarse;
• la intrépida que fue al Moncada el 26 de julio a averiguar
lo ocurrido e interpeló apasionadamente a
un guardia en una de sus postas;
• la valiente que, junto a su familia, escondió, en la finca
de las afueras, a uno de mis coterráneos, asaltante
al Moncada y le salvó la vida;
• la muchacha que indignada se enfrentó a un guardia que había
osado entrar en los predios de su universidad;
• la mensajera entre Frank y Fidel durante los preparativos de
desembarco;
• la mujer sencilla, la que un día le pregunté en un
conversatorio cuál había sido su papel durante el alzamiento
del 30 de noviembre, y me respondió con una modestia
increíble: Yo era el chofer de Frank. Debí
decirte que a un simple chofer no se le encomienda cuidar,
nada más y nada menos, que a Haydee
Santamaría y Armando Hart; debí referir algo que había leído
en un testimonio de Haydee, donde relataba
que Frank, preocupado por la seguridad de ellos, preguntó que
con quién andaban y le dijeron que con
Vilma, a lo que él respondió:¡Ah, bueno! Si están con Vilma no
hay problemas. Pero respeté tu modestia;
• la que poniéndose al frente de la marcha conminó a las
madres santiagueras, en protesta por los asesinatos,
a cantar fuerte el Himno Nacional, y una vez más se enfrentó a
los guardias, sin medir las consecuencias,
sabiendo que eso podía haberle costado la vida;
• la muchacha rubia, con sonrisa de odontólogo y edad
indefinida, que organizó «con profesionalidad y
eficiencia», al decir de Jorge Ricardo Massetti —y yo diría
que con cautela para no dar margen al error,
y evitar sobre todo la pérdida de algún compañero—, su subida
a la Sierra para entrevistar a los líderes
del Ejército Rebelde.
Prefiero recordarte:
• Cantando La barca en un cumpleaños colectivo que organizamos
un día un grupo de dirigentes de la
Juventud. Esa vez yo era también una de las homenajeadas; nací
un 18 de abril. Todos los que cumplíamos
años y los organizadores hicimos coro contigo en el estribillo
«Hoy mi playa se viste de amargura,
porque tu barca tiene que partir…». Le habías pedido a una
cantante que estaba allí que la cantara
y ella dijo que no se la sabía, y comenzaste a cantar para
sorpresa de todos. Alguien me dijo: Oye, yo
pensé que tu tocaya era un poco tímida, pero parece que no.
Recuerdo que le respondí: Tal vez lo es,
pero estoy segura que es capaz de vencer la timidez, ¿o no
recuerdas lo que nos dijo Muguercia?
Muguercia había ido a un encuentro en la Casa del Joven
Creador donde trabajábamos algunos; por ese
entonces se suponía que nos caería con sus poemas y se daría
unos tragos de ron. Ni una cosa, ni la otra,
aquello se convirtió espontáneamente en un encuentro con la
historia: se puso a contarnos anécdotas de
la clandestinidad en Santiago y fue inevitable que cayera en
ti. Yo, que tenía una noción, me quedé sorprendida
de algunas de las cosas que le escuché; los demás estaban
boquiabiertos. Al percatarse de eso,
nos dijo: Y hay más, pero será otro día. Y dijo para resumir:
Esa rubia era una bola de cojones. A esto
me imagino que hubieras respondido: Malas palabras, no.
• Como la líder, mezcla de ternura y firmeza, que con
constancia y paciencia nos enseñó que las mujeres
somos algo más que una figura decorativa o un simple objeto
sexual. Voy a parafrasear más o menos
algo que nos dijiste en una conferencia en el teatro de la
Escuela de Cuadros de la UJC, por allá por los
ochenta: Nuestra tarea es convencer, es educar, a nuestros
compañeros, a nuestros hijos, para que sean
hombres mejores. Nuestra lucha no es contra los hombres,
nuestra lucha es por la igualdad, por nuestra
igualdad. Esto no es una guerra entre hombres y mujeres. Y
dijiste: Al fin y al cabo ellos no pueden vivir
sin nosotras, pero nosotras tampoco sin ellos. Y con una
sonrisa pícara preguntaste: ¿Qué creen?
Estoy segura que ese día algunas se dieron cuenta que el
feminismo extremo no es tampoco una solución.
La solución es un mundo justo donde podamos convivir todos en
igualdad de condiciones, sin
explotados, ni explotadores.
Quiero recordarte con la sencillez, los valores y la bondad de
la familia que creaste; tienes todas las
razones para sentirte orgullosa.
Yo quiero darte las gracias por lo que somos. Y seguiré
intentando ser digna de llevar tu nombre, no sé si lo
lograré, pero no rendirse, intentar ser cada día mejores y
defender nuestros sueños e ideales es tu legado.
Estás regresando a la Sierra, como la altiva Flor de Lis, al
decir de Efigenio Amejeiras; estás regresando
viva, plena, feliz. Allí iremos a buscar tu energía, si un día
nos flaquearan las fuerzas.
VILMA SPENGLER CALDERÓN
Querida Mariela:
Espero que el tiempo de fuerte dolor que estás viviendo, sea lo más breve posible. La obra de tu madre, el ejemplo de humanidad y buen hacer que nos ha dado, seguro que servirán para paliar tu tristeza y pronto el dolor se convertirá en un homenaje permanente a su recuerdo. ¡Ánimo!
PACO CABELLO
Mariela:
Recibe a nombre mío y de la Asociación Mundial para la Salud Sexual el más sentido pésame por la irreparable pérdida. Tu madre será siempre un ejemplo para todos los que queremos un mundo mejor. Como Eli, será siempre motivo de orgullo personal el haberla conocido, tratado y trabajado directamente con ella. Su huella en Cuba, así como el impacto que su trabajo ha tenido y tendrá internacionalmente, será siempre la mejor forma de saber que su legado la hará permanecer entre nosotros. Un abrazo sincero.
EUSEBIO RUBIO-AURIOLES MD PhD
Presidente-Asociación Mundial de Salud Sexual
UNA MUJER EN NUESTRA ILÍADA
Mi más temprano recuerdo de Vilma Espín está asociado a una
tarde de mi escuela primaria en Sancti
Spíritus, una de las primeras villas fundadas por los
españoles en Cuba, que a no ser porque en 1977 se
hizo una nueva división político-administrativa de la Isla,
seguiría siendo una suerte de aldea de
Bernarda Alba y no la capital de la provincia que hoy es.
Allí, como en todas partes de mi país en la
década de los años setenta, las historias de la Sierra Maestra
y de la lucha clandestina en La Habana y
Santiago contra la tiranía de Batista eran nuestra Ilíada, y
la maestra nos la contaba por iniciativa propia
como si la estuviera viviendo otra vez, en cierto modo
espectral.
Un día llevó una foto de una mujer bellísima, vestida de
guerrillera y sonriendo a la cámara. La había
arrancado de una revista, creo. Clavó la imagen en la pizarra
y nos habló de esta muchacha que antes
del triunfo de la Revolución llegaría a ser la jefa del
Movimiento 26 de Julio en todo Oriente; se había
enamorado en la Sierra Maestra de Raúl Castro y era en ese
momento la presidenta de la Federación
de Mujeres Cubanas, organización particularmente querida en
los pueblecitos rurales de Cuba porque
significaba círculos infantiles —a los que yo asistí—,
empleos, leyes de protección familiar y las escuelas
para campesinas Ana Betancourt, que llegaron a graduar cada
año a diez mil mujeres —entre las que
se encontraban casi todas las de mi familia—, por primera vez
tenidas en cuenta institucionalmente en
un país de visceral tradición machista.
No logro recordar ahora todos los detalles de las palabras de
la maestra Juana Morera. Sin embargo,
jamás olvidé la anécdota en la que Vilma, buscada con saña por
los esbirros de la dictadura batistiana,
se salvó de una emboscada en plena ciudad de Santiago de Cuba.
La casa donde estaba escondida fue
identificada, y cuando ya los policías registraban el lugar,
ella saltó al tejado de la casa contigua, en
camisón de dormir y con el pelo suelto, que entonces le
llegaba hasta la cintura. El techo era a dos aguas,
y como su figura iba emergiendo lentamente ante la visión de
una señora que estaba tendiendo ropa en
el patio, ésta creyó que era la mismísima Virgen María quien
estaba apareciendo ante sus ojos. La mujer
se arrodilló y empezó a gritar: ¡Milagro, milagro! En la
confusión, Vilma escapó.
Por supuesto, a medida que fui creciendo, Vilma me resultó
cada vez más familiar y milagrosa. Y utilizo
esta última palabra con alevosía, porque en el camino íbamos
descubriendo que la Federación de Mujeres
Cubanas defendía y ejecutaba un proyecto de dignidad para la
mujer sin enfrentarla socialmente al hombre,
sino educándolo, y a la par luchaba a brazo partido por
erradicar todo vestigio de discriminación. Fue ella
la primera que le habló al país acerca de la igualdad de
género y, en particular, de los derechos de los homosexuales
y de los transexuales a una vida plena, a contracorriente de
una especie de marxismo victoriano
que se mezcló en la Isla con la plaga autóctona del machismo e
hizo sufrir a no poca gente.
La primera vez que conversé con ella, frente a frente, fue a
principios de los años noventa, a raíz de un
reportaje que yo había publicado en Juventud Rebelde acerca de
la prostitución en Cuba, que reaparecía
asociada al turismo, una de las principales fuentes de
ingresos en divisas a las que acudió desesperadamente
el país para atenuar la crisis económica. Con la caída del
campo socialista y el oportunista
recrudecimiento del bloqueo estadounidense en medio del
llamado periodo especial, la «jinetera» se
convirtió de la noche a la mañana en un producto de marketing
en el mercado político, que supuestamente
servía para demostrar el fracaso de la Revolución Cubana. Se
sacaba una cuenta muy simple: si
había reaparecido la prostituta —una figura casi desaparecida
poco después de 1959, gracias a las medidas
sociales—, el proyecto político había abortado.
Jamás olvidaré la conversación con Vilma. Me impresionó su
dulzura. Mientras le hablaba a esta periodista,
que prácticamente acababa de graduarse en la universidad, no
podía quitarme de la cabeza la imagen
primera que tuve de ella en mi escuelita perdida en el centro
de la Isla. Vilma me dio un consejo
que para mí fue una lección de ética: «No olvides que las
jineteras no son prostitutas a secas; son, en
todo caso, nuestras prostitutas, y no hay que satanizarlas,
porque se corre el riesgo de actuar contra la
víctima, en vez de atacar el mal.»
Entre las muchas personas que entrevisté para aquel reportaje,
que luego creció y terminó en un libro,
se encontraba Alfonsina Benítez. Ella había sido una de las
cien mil prostitutas que existían en Cuba en
1959, la más alta tasa por habitantes probablemente del mundo,
pues el país tenía entonces una población
de seis millones. Alfonsina, como muchas otras, se hizo
enfermera gracias a los programas de la
Federación de Mujeres Cubanas. Entre otras muchas cosas, le
pregunté qué era lo más importante que
le había ocurrido en su vida. Me respondió sin titubear:
«Todas las mujeres que yo conocí en la casa de
putas tenían un nombre falso, para no avergonzar a su familia.
Lo más importante que me ha ocurrido
en la vida es que recuperé mi nombre.»
Anoche, en el teatro Karl Marx de La Habana, rencontré a
Alfonsina. Estaba entre la multitud que asistió
a uno de los homenajes que se le hicieron a Vilma en todo el
país apenas se conoció la noticia de su
muerte. Alfonsina ni siquiera me vio cuando la saludé entre la
gente. Lloraba como una criatura.
ROSA MIRIAM ELIZALDE
Querida Mariela,
le pedí a Mayte tu correo pues tengo la
necesidad de expresarte que, a pesar de que
sabía que Vilma estaba enferma, la noticia de su fallecimiento
me ha impactado y me ha traído muchos
recuerdos gratos. Tuve el privilegio de conocerla siendo una
adolescente, cuando mis padres estaban en
Yugoslavia; luego le traduje del servio-croata con algunas
delegaciones, siendo estudiante de
Psicología; y finalmente en el CENESEX, cuando al principio
todavía se llamaba GNTES. No sabes
cuánto aprendí de Vilma en todos los aspectos de la vida, no
solamente profesionalmente. Yo la admiraba
mucho y también la quería, y tuve la oportunidad de decírselo.
La dirección del Centro la asumí
como una muestra de confianza hacia mí, y eso constituyó un
gran compromiso y un reto. Querida
Mariela, no sé si valoras lo que te digo, pero sinceramente me
hubiera gustado poder acompañarte en tu
dolor personalmente. Estás haciendo un trabajo muy útil,
valiente y a la altura de las ideas de Vilma, y
eso es importante. Recibe un fuerte abrazo y cariños sinceros.
LOURDES FLOREZ
Estimadas amigas:
Con mucho pesar acabo de escuchar sobre la muerte de doña
Vilma Espín, madre de Mariela, y persona
querida de Cuba y del Mundo.
Siento un gran pesar por una persona que significa tanto para
la mujer latinoamericana, para la
Revolución Cubana y para toda persona sensible del mundo.
Lo siento por Mariela, nuestra amiga y colega. Un abrazo
fraterno de solidaridad para Mariela, para su
familia, y para la gente de Cuba a quien tanto quiero. Un
abrazo solidario en un momento triste para
todos y todas. Tengo un enorme deseo de verlas y de abrazarlas
en un momento clave como éste.
Que descanse en paz doña Vilma. Que su ejemplo sea inspiración
para toda la gente sensible del mundo,
y que se tenga la convicción de que su vida no fue en vano.
Con afectos sinceros y fraternos desde República Dominicana,
ELIZARDO PUELLO
Querida Mariela:
Hoy despertamos en México con la triste noticia del
fallecimiento de Vilma. Y la tristeza continúa porque
su desaparición física nos duele mucho. A la vez sabemos que
ella estará siempre presente en los
pensamientos y en los sentimientos de todas las mujeres que
luchamos por los derechos y por la equidad
pues ella fue pionera en nuestra región y nos orientó el
camino.
La recordaremos siempre por su defensa de los derechos y la
dignidad de las mujeres al frente de la
Federación de Mujeres Cubanas, por sus incansables esfuerzos
en impulsar la creación del Centro
Nacional de Educación Sexual en Cuba y por posicionarlo como
un centro de excelencia en la producción
de conocimientos y en la formación de profesionales para
América Latina y el Caribe.
Igualmente, tendremos siempre presente su dedicación al frente
de la delegación cubana en la Conferencia
Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo en 1994
y de Beijing en 1995. También recordaremos
nuestras pláticas en La Habana, en Santiago de Chile o en
otros países cuando la encontrábamos representando
a Cuba y donde evidenció su carisma, su sensibilidad y su
fuerza para posicionar y defender sus principios.
Quiero de este modo dejar constancia, en mi nombre y en el del
Equipo de Apoyo Técnico del UNFPA,
de un especial reconocimiento a su vida y a su obra y
expresarte que nos unimos a la pena que embarga
a ti y a toda tu familia por tan lamentable pérdida. Con
cariños,
MARTHA FALCONIER DE MOYANO
Directora
Colegas, amigos y amigas,
Después de recibir la triste noticia de la muerte física de
Vilma Espín, sentimos la imperiosa necesidad,
como miles de personas en Cuba hoy, de compartir con ustedes
algunas reflexiones y sentimientos sobre
su vida y su obra imperecedera.
Las personas que ya peinamos canas y todas las generaciones
que nos han seguido en Cuba, hemos crecido
y nos convertimos en mujeres y hombres escuchando y más tarde
reflexionando, cambiando nuestras
actitudes, aprendiendo de las enseñanzas, apropiándonos de los
valores que Vilma y, bajo su
humana y dedicada dirección, la Federación de Mujeres Cubanas
y más tarde el Centro Nacional de
Educación Sexual, nos han brindado a lo largo de varias
décadas.
Es imposible en unas breves líneas poder expresar todo lo que
significó para la sociedad cubana y en especial
para las mujeres, para cada familia y también para cada uno de
sus miembros, la lucha incansable y fructífera
que libró por la emancipación de la mujer, la equidad entre
los géneros en Cuba y en todos lo países
en los que elevó su voz para llevar y consolidar esta lucha
que nos une y rebasa todas las fronteras.
Los sexólogos de Cuba de todas las generaciones nos hemos
formado bebiendo de sus conceptos, ideales
que han aportado un hermoso paradigma que, como una guía
inapreciable, se convirtió en parte
valiosa de nuestra formación y desempeño profesional y
personal.
Hoy, ante la dolorosa noticia de su desaparición física, más
que nunca le aseguramos a todas y todos los
implicados en esta hermosa tarea de formar la sexualidad de la
joven generación de cubanos y cubanas
en los principios de la equidad y la justicia social que ella
nos trasmitió, que mientras sus enseñanzas
nos acompañen, estará presente en nuestras vidas, en nuestro
trabajo, en nuestra sociedad.
No le decimos adiós a alguien que continuará a nuestro lado,
pues seguiremos trabajando por muchos
años a lo largo del camino que ella con amor y dedicación nos
abrió y mostró.
Gracias, Vilma, por tu legado. Nuestro compromiso es aportar
cada día un grano de arena a esa vasta
obra que nos legaste y nos comprometemos a seguir.
A nombre de las y los miembros de la Cátedra de Género,
Sexología y Educación Sexual (CAGSES)
del Instituto Superior Pedagógico Enrique J. Varona, de los
profesionales que allí se formaron y se forman
hoy en el campo de la sexología, del profesorado y el alumnado
de nuestra Universidad, al igual
que miles de cubanos y cubanas que estamos seguros que
comparten nuestro sentir, deseamos rendirle
este sencillo y sentido homenaje. Hasta siempre, Vilma.
DIRECTIVA, MIEMBROS DE LA CAGSES, PROFESORADO Y ALUMNADO DEL
ISPEJV
Querida Vilma:
Ayer en la tarde supe que habías decidido partir y decirnos
hasta siempre. Te vimos vestida de olivo, con el
brazalete rojo y negro, con el cabello negro y lacio recogido
en una coleta a la espalda, una boina, una flor
blanca, las botas puestas y la adarga al brazo. En tu mochila
llevas la experiencia de la clandestinidad y del
II Frente de la Sierra Maestra; tu infinito amor a Fidel, a
Raúl, esposo y compañero, y a todos y todas los
combatientes; tu fidelidad y capacidad que hizo ganar la
confianza de Frank; tu infinita valentía en todas
las tareas del Movimiento 26 de Julio; las experiencias del
alzamiento de Santiago y de la dirección del
movimiento clandestino en ese, tu Santiago, rebelde ayer,
heroico siempre.
También llevas tu capacidad para haber abierto el camino a las
mujeres cubanas, para haber alcanzado
lugares cimeros en todos los ámbitos de actuación posibles, y
haberlo hecho presente y defendible como
la voz de todas en el Comité Central, en el Consejo de Estado
y en la Asamblea Nacional del Poder
Popular de este caimán verde que te vio nacer.
En una bolsita rosa también recogiste tu extraordinaria
valentía y fortaleza en los foros internacionales,
defendiendo nuestros logros y transmitiendo experiencias para
que otras mujeres también asumieran sus
destinos, enarbolaste la bandera del respeto a la diversidad,
a la familia, en fin, a la vida.
Tomaste las fotos de las niñas, de tu linda vida con Raúl, y
de los paisajes más hermosos de la Sierra
que te acunó joven y aguerrida.
Bueno, amiga, también te llevas el respeto de todas nosotras,
que te admiramos y queremos, y por
supuesto un ramo de mariposas blancas, las de nuestros campos,
que va contigo, y otra mariposa que
agita sus alas y se ha posado justo en tu hombro en este viaje
hacia la gloria infinita. Hasta siempre,
Vilma.
SALUCO
Red de Género y Salud Colectiva-Capítulo cubano
Queridos amigas y amigos:
Recordar a Vilma es casi como hacer un viaje alrededor de
nuestras vidas. Y esto vale para todos los
cubanos y las cubanas, pero sobre todo para aquellos y
aquellas que hemos entregado nuestro corazón
durante tantos años para hacer realidad el pleno ejercicio de
los derechos sexuales y reproductivos en
nuestro país y en otras regiones del mundo.
Para mi generación, Vilma fue la guerrillera indómita, tan
hermosa como inteligente y sensible, que no
se conformó, según hubiera dicho Martí, con estar a los pies
del hombre como juguete hermoso, sino
que se creció a su lado, como compañera en la lucha serrana, y
después en la construcción de un lugar
en el mundo donde el hombre, y sobre todo la mujer, pudieran
conquistar sus sueños.Siendo yo una pequeña e inquieta niña, quiso el azar que en
mis correrías por la querida Universidad de
Oriente, donde mi papá era profesor de la Facultad de Derecho,
tuviese el tino de caer en un estanque
habitado por un cocodrilo. Fui rescatada por una bella
estudiante de largos cabellos, que poco tiempo
después tomaría el sendero de la Sierra Maestra, entrando así
para siempre en la historia de nuestra
Patria. Ya de adulta, y a lo largo de los años, cada vez que
me encontraba con Vilma, recordábamos con
cariño la anécdota del cocodrilo, que de alguna forma tuvo
para mí un significado simbólico, premonitorio
de un vínculo, de un camino.
En efecto, una vez graduada en la Universidad, cuando
emprendimos con Alicita, María Elena y muchos
locos y locas más —porque así nos veían en aquella época— la
cruzada por la educación sexual, Vilma
fue el oído receptivo, la mano impulsora, el aliento
sostenedor, la que era capaz de convencer a un
ministro (o ministra) que hablar de masturbación no era
pecaminoso o que los homosexuales no eran
enfermos con debilidades ideológicas del capitalismo.
Con su apoyo, las puertas cerradas por los prejuicios
comenzaron a abrirse, y podemos decir con orgullo
que, gracias a su empuje, nuestro país fue uno de los primeros
de la región en desarrollar contenidos
de educación sexual en los currículos escolares, en una época
tan temprana como los años setenta, cuando
se produjo el primer perfeccionamiento del sistema educativo
nacional.
Creo que así como les cuento la recordaré siempre, más allá de
las biografías oficiales, que a veces no
dejan emerger la nobleza y la belleza del corazón humano.
BEATRIZ CASTELLANOS
Querida Mariela:
Mis más sentidas condolencias por la pérdida de la admirable mujer que fue Vilma Espín Guillois. Nos unimos al gran dolor que aflige al pueblo de Cuba y en especial a sus hijos.
LEA GUIDO LÓPEZ
Representante OPS/OMS Cuba
VILMA ESPÍN. ARTICULADORA DE VOCES
La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe,
como red regional del movimiento de
salud de las mujeres, rinde un sincero homenaje a la gran
articuladora de voces, obras y pensamientos
de las mujeres en Cuba, Vilma Espín, quien murió este 18 de
junio en la Isla.
Todas quienes hemos conocido la trayectoria de esta figura
emblemática de la Revolución Cubana, rescatamos,
junto a su innegable legado político, su aporte invaluable
para el avance de las mujeres en
dicho país, tanto en términos de participación política como
de participación social, al dirigir durante
cuatro décadas la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), entidad
que constituye un referente latinoamericano
y caribeño.
El legado de Vilma Espín en el campo de la salud de las
mujeres es de extraordinaria importancia por
cuanto, junto a su compromiso político revolucionario
expresado en todas las acciones de su vida, incluso
en las más cotidianas y sencillas, se preocupó por fomentar y
defender los derechos de las mujeres
sobre su salud, su cuerpo y su sexualidad, avanzando al
reconocimiento de los derechos sexuales y
reproductivos como derechos humanos. Asimismo, fomentó el
respeto a la libre expresión y opción de
las sexualidades.
No podemos dejar de señalar tampoco el hecho de que Cuba sea
uno de los pocos países en nuestra
región donde las mujeres acceden al aborto legal y seguro, es
decir, donde se les reconoce su autonomía
y calidad moral para decidir sobre su reproducción, lo que
implica una ciudadanía en salud de la que
muchas mujeres todavía carecen en el contexto actual.
Destacamos, asimismo, su apoyo a la creación de un Grupo
Nacional de Trabajo de Educación Sexual
(GNTES) como parte de la FMC, posteriormente denominado Centro
Nacional de Educación Sexual
(CENESEX), cuyas investigaciones de género y de educación
sexual demuestran un nivel de excelencia
y tienen un impacto en otros países y regiones, y donde han
trabajado mujeres feministas de estrecha
cercanía con esta Red.
En homenaje a Vilma Espín, ejemplo para América Latina y el
Caribe.
RED DE SALUD DE LAS MUJERES LATINOAMERICANAS Y DEL CARIBE
MENSAJE DE AMOR A DESTIEMPO
A Vilma, la revolucionaria más bonita (Canto íntimo XV)
Yo no estaba en Cuba cuando nos dejó para siempre la sonrisa
más bonita de la Revolución.
Vilma Espín fallecía después de estar enferma mucho tiempo.
Aun así la consternación de lo inevitable se
apodera del alma. Por frágiles instantes la muerte se
convierte en una burlona sentencia de la propia vida.
Vilma nació rica, hermosa e inteligente Todas las categorías
de las clásicas princesas de los cuentos de
hadas. Pero su palacio encantado fue la lucha revolucionaria,
y su príncipe azul un pequeño rebelde con
rostro adolescente.
Aun así, nunca dejó de ser princesa. Si miramos otra vez
aquella imagen con camisa de cuadros, un fusil
y una sonrisa, nos arrodillaremos todos palpitantes ante la
princesa.
Su piel, sus cabellos y su figura espigada recuerdan la
azucena llena de olor. Eso es Vilma: una espigada
azucena.
Ahí está el material de estudio para aquellos que tratan de
acomodar el nacimiento de los líderes en
estrecha camiseta manualista: pequeñoburguesa, nacional
revolucionaria, etcétera.
Si algo no era la hermosa Vilma, era ser pequeña. Era grande
en todo, y sobre todo en su confianza en
el futuro.
Hasta que ellos no entiendan los resortes últimos que
movilizan el corazón y el pensamiento, los que no
tenemos nada que perder seguiremos esta ruta peligrosa de no
sabernos identificar frente al capital.
Vilma fue de las participantes más fogosas en la
clandestinidad. Su nombre se asocia inmediatamente
al delicado recuerdo de Frank País. Su entrega en la toma de
la ciudad de Santiago el 30 de noviembre
fue especial. Lo sé porque me lo dijeron mis padres, que
participaron con ella. Los dos me decían:
«¡Lucía tan hermosa con el recién estrenado (y bendito)
brazalete rojinegro!»
El tiempo siempre nos deja espacio para retomar la historia.
Miren no más a tres de esas mujeres fundadoras:
Celia, Haydee y Vilma. Las primeras dos se nos fueron en 1980.
Cada una a su modo y con la irreverencia de
ambas. Celia fue la campesina que supo descubrir la belleza
espléndida de la Revolución, sin separarse de Fidel
un solo instante, formando parte sustancial de sus
reflexiones, ¡incluso las de hoy! A Haydee le desbordaba la
pasión, y, convulsa, supo entregar a los intelectuales y
artistas esos caminos de lucha a contramano...
Vilma fue entonces la más serena, fue el alma de la familia
cubana.
En momentos difíciles, la Federación de Mujeres Cubanas se
dedicó a atender esos espacios que tan sólo
la familia sabe tocar: la incipiente prostitución, la conducta
social y moral.
Forjó una gran familia al lado de aquel «príncipe azul» del
Segundo Frente Oriental. Ese mismo que,
trémulo, condujo sus cenizas tan sólo con una rosa roja.
Ese mismo que hoy atiende casa con tino y oficio, mientras
Fidel se nos repone... con una pluma en la
mano, pues no deja de escribir.
Entre esas tres mujeres distintas y complementarias se sentó
la mujer cubana en el sitio que descubrió
más acertado. Vilma fue tal vez la que tuvo mayor cadencia.
Miren no más: Celia no tuvo hijos; su labor
fue acompañar a Fidel en su labor militante. En este Fidel que
reduce a la muerte y sigue, desde una provocadora
distancia, acechando nuestra impertinencia por verle... está
Celia Sánchez, más que nadie, cuidando
incluso sus últimos años. Haydee no conoció a sus escasos
nietos y dejó a sus dos hijos plantados
en plena adolescencia... por voluntad y conciencia propia. Su
misión fue recurrir a la prisa para convertir
el arte en arma de combate...; lo logró sin dudas. En este
arte contestatario y revolucionario que salpica
por todos lados en Cuba y el mundo, está el alma enredada de
Yeyé, con su ironía y sus bromas.
Vilma murió, sin embargo envuelta de una prodigiosa familia de
hijos y nietos jóvenes ya. Representó
el corazón de la familia cubana, de los espacios de la mujer,
de hacer coincidir la maternidad y la estabilidad
familiar con los domingos de trabajo voluntario, de hacer que
no fuera incompatible el hogar y
la Revolución. También lo logró... con su ejemplo inequívoco
por delante.
En aquellos días del llamado período especial, a lo que
significo como comunismo de guerra, Vilma
estuvo presente ayudando a la mujer cubana a buscar fórmulas
para mantener unida a la familia. Lo sé
muy bien porque estuve de secretaria de la FMC en mi barrio.
Allí diseñamos mil estrategias de resistencia...,
dondequiera estaban los señuelos de Vilma.
Mi Revolución está escarchada por esas figuras maravillosas.
Vilma es una de ellas...., de aquellas mujeres que tuvieron el
privilegio que difícilmente tendremos nosotras:
armar un cambio de época con la plenitud de Fidel y del Che.
Dudo que vuelva a repetirse, al menos
hoy cuando me embargan las lágrimas de lo irremediable.
Por último, un agradecimiento a ella, que le hice saber en su
momento. Ya estaba enferma y yo le dije,
sin darle demasiada importancia, que en una carta mi madre,
Haydee Santamaría, deseaba haber sido
enterrada en Santa Ifigenia, el cementerio de Santiago de
Cuba.
Para quien me conoce un poco, sabe que me son irrelevantes
esas cosas... Pero Vilma lo tomó como un
asunto personal. Recuerdo estar en su oficina, mientras ella
planeaba punto a punto los deseos de mi
madre, diseñando personalmente el cartel, contratando
cualquier cantidad de girasoles (flor de Haydee)
que pudieran cortarse, para hacer el nuevo entierro de Haydée,
el verdadero: allí al lado de sus camaradas
muertos en el Moncada, allí al lado de su hermano Abel y sobre
todo al lado de Martí. Bastó que yo
le mencionara la carta y ella hizo suya esa grandiosa obra.
Al principio no la entendí bien. Mas, después de aquel día, no
he llorado más los 28 de julio, día del suicidio
de mi madre. Eso sí sabía Vilma: arrullar a las niñas como
yo...., niñas de cuarenta años.
Hoy, cuando lloro porque se fue, no puedo dejar de recordar su
sonrisa encendida en la calle San
Jerónimo, cuando me contaba las aventuras de mis padres recién
casados en la clandestinidad, cuando
todo parecía música y color. Creo que ella sabría que yo no
lloraría más los 28 de julio. A ella le agradezco
esa misión psicoanalista.... de no llorar más ese día.
Por eso no le diremos adiós a la revolucionaria más hermosa de
Cuba. Aquella que prefirió una flor de
la Sierra frente a las perlas a que tenía derecho por
nacimiento.
No le quiero decir adiós para siempre a la que me llenó de
ternura en aquella casa de San Jerónimo, a
la madre de mi entrañable y herética siempre Mariela.
A ella, como a Celia, como a mi madre, le decimos, envueltos
siempre en misteriosos conjuros y con la
prisa de no equivocarnos demasiado: ¡Hasta la victoria
siempre!
CELIA HART