CARTA DE LA DIRECTORA

A mediados del año 2003 recibí una carta enviada por un grupo de mujeres lesbianas que, desde Santiago de Cuba, elogiaban el trabajo realizado por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y solicitaban su atención para recibir la revista Sexología y Sociedad, junto con otros textos que les permitieran informarse y debatir acerca de la sexualidad y la salud sexual de las mujeres, las diferentes orientaciones sexuales, la prevención de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y el VIH/SIDA, entre otros temas afines por los cuales mostraban especial interés.

No tardamos en responder, visitarlas y solicitar el apoyo permanente de la Comisión de Educación Sexual y el Centro de Prevención ITS-VIH/SIDA de la provincia. Este proceso padeció las contradicciones esperadas entre la nueva tarea y los arraigados prejuicios que aún estigmatizan a las mujeres que aman a otras mujeres; sin embargo, la solicitud de las santiagueras inauguró un capítulo de trabajo sin precedentes en el CENESEX.

Al año siguiente se realizaban diferentes experiencias grupales en otras provincias y en la capital del país, a solicitud de mujeres identificadas como lesbianas y bisexuales. Estas acciones se convirtieron en lugares de elaboración y búsqueda de alternativas de solución a algunas vicisitudes de su cotidianidad, así como en espacios de investigación científica que han permitido confirmar la necesidad de desarrollar procesos educativos que contribuyan a modificar las formas de pensar y actuar de nuestra población con respecto a las diferentes orientaciones sexuales.

En el Seminario Nacional de Secretarias Generales de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), realizado en junio de 2006, con la participación de todas las provincias y municipios del país, tuve la oportunidad de exponer las principales tareas del Programa Nacional de Educación Sexual, haciendo énfasis en los compromisos de la FMC y en el trabajo desarrollado para evitar actitudes discriminatorias, por razones de orientación sexual, en la familia y en la sociedad.

Esta legítima organización femenina, fruto de la unidad histórica entre todas las mujeres cubanas, constituye el espacio social más importante de aceptación, integración y solidaridad entre las mujeres, para promover y ejercer sus derechos en nuestra sociedad.