Carta de la Directora

 

No puedo referirme a la educación sexual en Cuba sin mencionar el gigantesco y apasionado trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas iniciado en la década del sesenta. Sus múltiples y audaces iniciativas han dejado su impronta en la cimentación de caminos más complejos e inimaginables, que la retórica revolucionaria no alcanzaba a identificar con sus buenas intenciones y sus proyectos de emancipación. Se deseaba conquistar toda la justicia desde el anhelo más sincero del pensamiento martiano, pero no sospechaban los cambios tan profundos que implicarían para la sociedad cubana, que suponía la pérdida de privilegios y poderes en los aprendizajes ancestrales de ser hombre y de ser mujer.

 

La educación sexual como política social y de Estado, tiene en Cuba a dos figuras emblemáticas: Vilma Espín Guillois y Celestino Álvarez Lajonchere. Desde diferentes responsabilidades y profesiones, unieron sus esfuerzos en la creación del Programa Nacional de Educación Sexual y su correspondiente soporte institucional, que se materializó en el Centro Nacional de Educación Sexual.

 

Aunque la lucha por la igualdad de los derechos de la mujer constituyó el punto de partida para avanzar hacia una visión más profunda y abarcadora de la sexualidad, desde diferentes aportes científicos y aprendizajes de la práctica social, principalmente en el campo de la salud, la educación, el derecho y la cultura, el CENESEX ha desarrollado otras batallas no menos enaltecedoras durante todos estos años, como la educación de toda la sociedad por el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género.

 

El V Congreso Cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, que se efectuará en La Habana del 18 al 22 de enero de 2010, será el escenario más representativo y simbólico para celebrar el Vigésimo Aniversario e identificar los nuevos desafíos.